Venas y avenidas

Llamamos a veces arterias a las avenidas, y no sé por qué no hablamos nunca de venas. No es sólo que el calambur de la vena acompañe al amante que acelera al oír un “ven a verme” furtivo.

Hay una razón simbólica. Las venas y las arterias, como todos sabemos, tienen funciones opuestas. Las arterias cobijan la sangre oxigenada, caballo rojo que cabalgan los poetas. Las venas devuelven la sangre al corazón inútil, agua agotada de párpados azules.

Nadie, ni siquiera el amante apresurado, abandona debidamente en las avenidas su pasado. Nadie puede permitirse el privilegio de olvidar. Nunca hay sangre nueva. Seamos precisos.

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