Ola de frío

Hay ecos del alma en el cuerpo. Las palabras, por ejemplo, son como el sudor, son el síntoma de una causa profunda, brotan de los espacios vacíos.

Hay días en los que el frío cierra todas las puertas. El frío clausura los poros o anuda la lengua, según actúe sobre el cuerpo o sobre el alma que lo evoca, el alma que es su propia sombra o luz rebelde.

Y sucede a veces que el frío que llega con el viento se encuentra con el viento que, en sentido contrario, desnuda el cuerpo a su paso y lo convierte en un cántaro de carámbanos, en frágil pompa de temporales.

Nada hemos podido decir para evitarlo. Nada podemos decir para que se marche. Lo vemos llegar como vemos crecer y caer sobre nosotros la ola lejana que nos tragará. Vemos llegar el frío y nuestra piel se arropa y nuestra lengua languidece, y entre los dedos se nos deshacen las palabras muertas. No hay más que decir.

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