Pragas

Las ciudades en las que hemos estado han dejado ya de ser en el recuerdo un montón de calles y de vidas sin sentido. Nos hablan, nos dicen algo en un idioma que no es de muchos sino de uno solo: yo. Pasaron por nosotros, y poco a poco su lengua se fue desplegando por el pulso de nuestros pasos.

Para que una ciudad nos hable, por tanto, hace falta tiempo. Hay flechazos, claro. No confío en esos flechazos. Necesitamos tiempo para que a la cara limpia y maquillada que nos muestra le salgan arrugas, arrugas que amar y anclar a nuestra vida.

A mí me pasa con Praga. Paseé hace unos años por la Plaza de la Ciudad Vieja, el Puente Carlos, el Castillo. Me gustó. Hasta ahí llegaba mi juicio.

Parte del libro que estoy leyendo transcurre en Praga. Y he buscado en Google entre breves lecturas sus lugares y edificios más conocidos. Esos en los que ya había estado. El Castillo. El Puente Carlos. La Plaza de la Ciudad Vieja. El cuerpo, en esta búsqueda, se muestra impotente: estuviste, pero olvidaste. Tu esfuerzo no cambió nada. Necesitas volver a buscar lo que creías haber encontrado.

Leo, y leyendo conozco a gente que, en sus vidas ficticias, buscan el sentido de sus ensueños en las mismas calles para mí hasta hoy perdidas. Y esas calles toman, en su búsqueda, algo de su sangre y de su nombre. En la vida real de mis días no supe ver ni entender nada de esta ciudad. Ahora, un guía enmascarado me eleva sobre sus tejados y parezco ver lo invisible.

Milan Kundera, o Teresa, me dice en La insoportable levedad del ser: “Veía abajo muchos puentes y torres; los santos amenazaban con sus puños y elevaban la vista hacia las nubes. Era la ciudad más hermosa del mundo”.

A través de este embrujo miro, durante un instante, mi ciudad, mi hermosa ciudad engastada en los labios del amplio Moldava.

Ella se da la vuelta y sigue hasta la cima. Su amor pasa, y pasa con ella el mío. Fugazmente, este fantasma me ha transformado.

No hay nada más hermoso que estos encuentros jamás buscados, este vivir de verdad sobre el tiempo infinito y sin tiempo de la lectura.

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Un comentario en “Pragas

  1. A mí Praga me trae muchos recuerdos, y me llevó a una vida nueva. Cuando eso ocurre, los encuentros fortuitos que mencionas son maravillosos hasta viendo un mapa de tranvía de la ciudad : ).

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