El terror de ayer

Hoy en Saber y Ganar han hablado de la Familia Monster. Yo no llegué a ver la serie, ni en su primera emisión de los años 60 ni en la reposición de los 80, como parte de La bola de cristal. La protagonizaba una familia de monstruos y personajes de terror. La gracia de la serie estaba en que ese terror pasaba aquí por el filtro de lo cómico, de lo cotidiano. Y era por ello divertido verlos balancearse en un columpio o comer helado, no sé, repito que jamás he visto un solo capítulo, verlos vivir la vida como la vivimos todos, alejados de relámpagos en la noche o castillos abandonados.

Un día, hace mucho tiempo, algo me dio miedo. Era un miedo puro, un horror unánime como sólo puede serlo el horror de un niño. Imagino que algo tendrían que ver con ello Drácula o Frankenstein o alguna otra criatura que hubiera visto en la tele o en algún libro, porque mi hermano, al verme así, trató de ayudarme compartiendo conmigo un método infalible. Bastaba con imaginar al monstruo temido en una situación chocante, vergonzosa o pacífica. Qué sé yo, balanceándose en un columpio o comiendo helado. Aunque él estaba convencido, y aunque lo intenté de veras, su método no me resultó tan eficaz como a él. Aun así, aún le agradezco el detalle.

El caso es que de sus palabras de entonces puedo colegir ahora que la suya era también la confianza de un niño en sus propios métodos, y que ni aquel miedo ni aquella confianza podrán volver a ser jamás tan puros ni tan inofensivos.

Al comenzar este texto, en Saber y Ganar estaban hablando de otra cosa. El programa se centraba ahora en Leonard Cohen. Para mí, Cohen siempre ha sido una persona triste, abrumada por la melancolía y el paso de los años, tan lúcida como impotente y, por todo ello, alguien para quien, de algún modo, la muerte, ese error del tiempo, podía suponer una liberación.

No conozco apenas su música, y ahora que se ha muerto quizás sea una buena ocasión para comenzar a hacerlo. Me doy cuenta de que me empeño en tener una idea de las cosas aunque no tenga a dónde agarrarme. Y de que el miedo y la confianza y todo lo que, bueno o malo, sentimos de niños no es una versión inferior, sino superior e inmaculada de lo que hoy, mayores, pensamos y sentimos. Así me gusta pensarlo, yo que tan lejos estoy de mí mismo y de aquel terror de entonces.

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Un comentario en “El terror de ayer

  1. Bueno,tan triste te parecía Leonard Cohen,eh? Pero, a pesar de que no creo que ni tú ni nadie esté tan alejado de esos miedos de los qur hablas de cuando eras niño, te aseguro que Cohen era de los buenos buenos.. el último concierto que dio en Bilbao fue de lujo. Un artista que deja esa sensación en y después de un concierto no puede ser solo triste aunque tenga mil problemas. A mi me dejó con una alegría íntima de esas de no querer compartir con nadie. Claro que yo soy muy mayor y conocí su música de jovencita,así que también te entiendo.

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