Campos Cataláunicos

Cuando supe que iba a tener un hijo me asaltaron muchos miedos: el miedo, largo y moroso, a no verlo crecer; el miedo, inconfesable y oscuro, de que sufriera una grave enfermedad o un rarísimo síndrome; el miedo, práctico y villano, de que no fuera un hijo sino varios. Lo que nunca me había quitado el sueño es que mi hijo me saliera repelente.

Son ya muchas las señales como para no rendirme a lo evidente. Además es que el cabrón es muy listo. El otro día vuelve del colegio y me dice que dos de su clase se han liado a darse de hostias en el patio durante un partido de futbito y que él se ha quedado fuera, mirando. Yo, tan feliz y tan ingenuo, le iba a decir que me alegraba de que abjurara de la violencia y que esos eran los valores que yo, redundante, valoraba, cuando va y me suelta: “Yo sólo me pelearía en un sitio con sonoridad. En los Campos Cataláunicos, por ejemplo”. Se me cayó el alma al suelo, manchándose por el camino con el tomate del delantal. Y no es la primera vez que me lo hace.

Que mi hijo me salga algo egoísta, vale. ¿Mentiroso? No importa. Todos mentimos. Incluso que sea un pelín hijo de puta, por qué no. El hombre es un lobo para el hombre. Ahora bien, que me suelte eso y encima en medio de la cocina, con el vapor del pollo, con las cáscaras de huevo pringando el fregadero, con el cuchillo peligrosamente asomado al borde de la encimera y con mil fregados más, no lo tolero. Pero qué le voy a decir. Lo he mandado a recoger la ropa porque estaba nublado y amenazaba lluvia.

Al rato, mientras llevaba a la mesa con las dos manos envueltas en un paño la sartén con el guiso, tratando de evitar con rápidos movimientos de rodilla que el salvamantel magnético de IKEA se despegara del todo, lo he oído regresar por el pasillo. No sé qué me ha pasado. Le he estampado la sartén en la cabeza. La buena, además. La sartén buena, quiero decir, una que me costó un ojo de la cara porque es de las que aguantan. Le he estampado la sartén en la cabeza y he echado a perder el guiso. Creo que estoy expuesto a demasiada presión. La paternidad no es lo mío. Mañana mismo hago las maletas y me voy de aquí. Tiene que ser un sitio exótico, que tenga porte, sonoridad. Kampala. Cochabamba. Hyderabad.

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