Los mismos nombres

He tenido por costumbre, desde que empecé a leer y a ver películas con la fiebre de una inquietud verdadera, entablar a veces conversaciones sobre el asunto con otras personas de intereses similares. Es un ejercicio natural de quien consume cultura, y es un movimiento en el que confluyen instintos y tentaciones de distinta naturaleza: por un lado, el hambre sincera de nuevas obras, la mirada exótica de otros ojos; por el otro, el afán de mostrar la sabiduría propia, una sabiduría cuya evolución es paradójica, ya que cuanto más se la alimenta más pierde de sí misma. (Con el tiempo uno se da cuenta de que lo que llama sabiduría no es más que envanecimiento, y que tras de su cáscara levísima se esconde aire y sombra.) Uno sale de estas conversaciones con el ego satisfecho, y con algunos nuevos títulos agavillados en el bolsillo de los vaqueros.

El problema es que, como tantas otras veces, este aspecto de la vida se parece demasiado al amor. Pasan los días, y esas promesas de nuevos mundos y filosofías se marchitan, pierden el atractivo de la charla primera. Quizás del naufragio sobreviven algunas palabras que, con suerte, repetidas en nuevas conversaciones, logran mantenerse a flote en el agua turbia de la memoria. Quizás, pasado el tiempo, se abra paso un autor, una frase, acaso una sola palabra, que nos llamen con un brillo huraño y desconfiado, muchas veces para perderse de nuevo.

La vida del entusiasmo es fugaz. Hay que cultivar el interés paciente, pero eso es imposible. No sé si será un vicio de la juventud o si nos ensordece el constante canto de internet. A las vitolas heredadas se añade la última novedad, la última gran obra. El guión de estas charlas culturetas es siempre el mismo: uno se sienta, lanza la chispa de una película y por ensalmo se levanta un incendio bíblico, un tornado en el que giran entremezclados David Simon y Salinger, Hermann Hesse y David Foster Wallace, Murakami y Orwell, Kubrick, Lynch y Tarantino, Woody Allen y Bergman, HBO y AMC, Don Draper y Walter White y Tyrion Lannister. Esperan su turno los ingenuos Quevedo y Dostoievski, Flaubert y Cervantes. Son siempre los mismos nombres, los mismos canales, presentados cada vez en distinto orden, como las figuras de un caleidoscopio.

Esta reiteración, este casi culto a los mismos dioses una y otra vez, no es en realidad una manifestación de un amor o una inquietud sincera. Es el eco del primer amor, de la primera inquietud. En un punto buscamos respuestas y las supimos encontrar en estos nombres que, entonces sí, consumimos como si en ello nos fuera, literalmente, la vida. Encontramos nuevas respuestas, condenamos nuestras herencias y adoptamos con orgullo estas tierras prometidas.

No sabíamos que las tierras prometidas nunca se encuentran. El verdadero interés se muestra en el continuo avance, en tomar como peldaños esas obras que un día nos ayudaron, en construirnos leyendo más, viendo más, abriéndole a la cultura un espacio siempre en movimiento. De ello depende lo esencial: aprender a vivir y vivir lo aprendido.

Anuncios

6 comentarios en “Los mismos nombres

  1. Hola Rafa.
    Me encantó tu forma de ser y tu destreza en Saber y Ganar, y ahora te deseo suerte en Pasapalabra. Me he encontrado con este blog y simplemente quiero, usando el tono de esta entrada, alimentar un poco tu ego y felicitarte por tu forma de escribir. Da gusto leerte. Sobre este tema, me he visto muy identificado. Una de las conversaciones que más disfruto con amigos y familia es la de libros, películas y series que me gustan.
    El último párrafo es genial y estoy de acuerdo, lo importante es disfrutar del camino, pues la tierra prometida no suele ser tan magnífica como parece.
    Saludos, Manuel.

    1. Te agradezco tus palabras de aliento, Manuel. Disculpa la tardanza en contestar a tu comentario, lo acabo de ver. Al final esto consiste en una búsqueda perpetua, como dices. Un saludo.

  2. Hola Rafa
    ¿Por qué ha pasado más de un año sin que hayas escrito más? Aparentemente este y el de Berlin son los últimos y es una pena porque escribes como los maestros, lo que es sin duda producto de tus lecturas.
    Te felicito por tu éxito en Saber y Ganar y el que seguramente tuviste en Pasapalabra que lamentablemente no puede verse aquí en Ecuador.
    Tienes una madurez y conocimientos increíbles para ser tan joven. Me impresionó tu interés en los grandes autores de otros siglos. Yo creía ser uno de los pocos dinosaurios que aún se aferran a Maupassant, Victor Hugo y Stephan Zweig. Especialmente me impresionó que mencionaras Momentos Estelares de la Humanidad que leí de adolescente y me marcó como uno de los grandes libros a leer. Me gustaría releerlo pero actualmente es dificilísimo de conseguir. El otro día bajé varias de las excelentes biografías de Zweig, así que no pierdo la esperanza de encontrarla.
    Sigue adelante con tus logros
    Dora

    1. Gracias por tus palabras, Dora. Sigo escribiendo, pero en otros lugares. Aun así, pronto volcaré en este blog bastantes de los textos a los que me refiero. Un saludo y gracias por comentar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s