Alberto

Has nacido, Alberto. Tus ojos dormidos mojan de luz mis horas, tu silencio me habla y silencia el mundo. Duermes en la incubadora, cubierto de electrodos, y duermes también aquí, conmigo. Te llevo colgado de mis dedos, te columpias frente a mis ojos. Vives, digo que vives y no es absurdo, no es obvio decir que comes y que respiras. El aire entra y sale de tu cuerpo breve, y en ese gesto inconsciente hay más fuerza que en todos los soles del cielo. Este fuego, este amor inmaculado aún no tiene nombre ni memoria, y veo con tus ojos el mundo y no es el mismo, nunca más. Mi sangre corre limpia por tus venas, late como un caballo salvaje, y los relojes se van, se rinden, se quedan dormidos. Todo vuelve a empezar, miro todo y nada es feo, nada es vano o inútil. Todo es sencillo, por un momento todo es sencillo, todo se desvanece y quedas tú, Alberto, luna blanca, atándonos las almas a tu piel tenue. Guardas entre tus dedos el futuro. Moriré, pero hoy no importa. Si tú estás bien, yo estoy bien. Acabas de llegar y ya te lo debo todo, mi sobrino. Estoy enamorado.

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4 comentarios en “Alberto

  1. Tengo que decirlo por aquí. Te quiero, hermano. Eres un monstruo, describiendo lo que se siente sin verlo. Y ya no puedo decir más. Porque me tiemblan los dedos :).

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