Vuelve

La escritura ha vuelto a arderme en los dedos. Nunca se fue, nunca estuvo del todo, va por rachas, fuimos a veces grandes extraños, otras nos matábamos a besos y a verbos. Fue este un amor o una enemistad al uso, con momentos de calma o incluso de olvido, con breves fervores dejando tan sólo en el aire o en el alma un pellejo, un aroma o un color disuelto, temblando como un animalito herido con la cabeza entre las patas y muerto de miedo.

He acudido en ocasiones al recuerdo, leía entradas que había escrito o textos volcados en papeles sueltos como estornudos o gritos de dolor o bocas abiertas sin decir. No es el nuestro un amor nuevo, incondicional, hervido en pasiones. Tampoco un acuerdo ni una conciliación, quizás un poco de todo eso, algo indefinible pero siempre presente, un pájaro aleteando en la sangre, una nube siempreviva.

Qué has hecho conmigo, escritura, para no dejarme en paz. Yo lo intento, yo intento ser lo que suele ser la gente, un perro, una alcantarilla, un árbol haciéndole la ola al viento. Siempre me has tenido entre tus brazos de hierro, tus brazos que a veces son flores de carne y mariposas, nunca te fuiste, conoces el nombre de todas las cosas y a veces las nombras y las eliminas y las vuelves del revés para quitarles el polvo y mojarlas de colores, y a veces me dejas tan sólo una cuchara y un plato de cenizas. No soy más que dientes vacíos sin ti, un burro sembrando rebuznos.

Déjame en paz quedándote para siempre.

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