No prometo

Hay largos meses que son como oscuros rincones, en los que todo me molesta y me aturde: el ruido de la lavadora, las noticias del telediario, el terco venir y volver a venir de las alertas del teléfono, el lejano aleteo de una voz del vecino, la gente de las calles, los libros que no leo, mis lectores invisibles. Son meses largos, meses fríos como llaves de antiguas cerraduras. Hay veces en que todo se me cierra entre los dedos, y me esquiva y me araña y me encadena.

Hay tantas veces en las que pienso que todo lo que pude escribir ya está dormido en otras letras, en otros años que parecen parte de otra vida. Cada día que paso sin escribir aquí, noto más su olor a humedad y a cerrado, noto este lugar como algo más y más extraño, robado súbitamente por estos dedos que tientan de nuevo el teclado sin convencimiento.

Hay un aroma a promesa en el aire, algo que no sé explicar y que se me ofrece como una flor abierta. Hay algo aquí que me impulsa de nuevo a escribir, sin misión, sin destino. Estos cinco meses en silencio han sido. No son nada. Son una nada demasiado grande para ser tenida en cuenta. No prometo nada. Ni siquiera ahora.

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