La traducción imposible

Kafka escribió: “Escribo distinto de como hablo, hablo distinto de como debo pensar y así sucesivamente, hasta la oscuridad más profunda”.

A pesar de que sea común considerar al lenguaje como un don del cielo, yo atribuyo su origen a una broma pesada del diablo. Antes de hablar, el hombre se sentía uno más en el mundo, un primus inter pares animal. Con el lenguaje, el hombre comenzó a cosechar no sólo frutas y verduras, sino también preocupaciones.

Una de ellas, quizás la más inmediata, es que la palabra invalidaba el recurso inexcusable a la violencia. El hombre habló, y perdió con ello el gusto visceral de exonerar las frustraciones descalabrando al vecino. La civilización trocó la violencia individual, tumultuosa y sucia, en una violencia estatal y ordenada. Al punto brotó una galería de zonas grises en las que las espadas de las cohortes o los fusiles del ejército se confundían con incólumes valores como la paz o la justicia. Desde entonces, la política no ha hecho más que justificar con el lenguaje los desbarajustes que cometió el propio lenguaje en la naturaleza.

Otra de las perversiones de la palabra es su uso. Cada pueblo tiene su lengua. Los ingleses hablan en inglés. Los españoles hablan en castellano. Un inglés puede aprender a hablar en castellano, pero esa es una decisión posterior a la imposición de un idioma natal. (Los niños que nacen ahora en Cataluña no van a saber qué idioma tienen que hablar hasta que cumplan los catorce. Pero esa es otra historia.) La trampa está en que el lenguaje y el pensamiento están unidos por un vínculo imperfecto, que es el habla o la escritura. Alguien jamás va a ser capaz de imitar con palabras algo que no funciona con palabras.

Los buenos escritores siempre atraviesan las mismas fases: escriben primero de forma sencilla, emplean después un lenguaje pomposo y artificial para acalorar su orgullo, y terminan intentando volver durante toda su vida a ese escribir natural de sus inicios. Entonces, si lo consiguen, su escritura es mucho más rica, porque entraña una renuncia deliberada al lenguaje aunque, de alguna forma, sea lo mismo. Como pasar del Quijote de Cervantes al de Pierre Menard.

El error consiste en querer hacer pasar algo por lo que no es. Es como la Polystation que venden en los chinos o como las juventudes de un partido político. El lenguaje es el compañero pesado con el que hay que trabajar aunque uno no quiera. Es comprensible que de esta unión tormentosa salgan peores frutos que las Erinias de los griegos, hijas de la sangre del bastón de Urano.

En los últimos años, España ha sido testigo del nacimiento de uno de estos vástagos: los imputados. Desde un punto de vista moral, el imputado viste camisas de marca con lamparones de chorizo. La tradición señala que el detergente más eficaz contra esta clase de manchas es la dimisión. No obstante, en tiempos de austeridad los políticos prefieren comprar las marcas blancas de los productos de limpieza de la imagen pública: la evasión, el disimulo, la negación clamorosa. Todas estas son aplicaciones exuberantes del lenguaje, gambeteos semánticos, mentiras de Perogrullo.

Pero algo está cambiando. Algunos políticos, colmados de valentía, han descubierto que pueden afrontar una dimisión si la aliñan con una justificación sabrosa. Adelantándose a la justicia, el político asocia el abandono de su cargo no a un escándalo de corrupción, no al ahogo del erario, no al reparto indiscriminado de puestos de trabajo entre amigos y familiares: el motor del cambio son sus motivos y motivaciones privados y profesionales.

Griñán, implicado en el caso de los ERE fraudulentos, expuso que su dimisión se debía fundamentalmente a motivos personales y familiares. El nuevo consejero de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo de la Junta, José Sánchez Maldonado, dimitió de su cargo de presidente de la Autoridad Portuaria de Málaga ocho meses después de ser nombrado: alegó motivos de salud y bienestar personal tras un encierro de protesta organizado por sindicalistas. Ha habido y habrá más casos como estos.

El principal efecto de este novedoso giro será la democratización de los juicios. En lugar de juristas y peritos en disciplinas técnicas, ahora los juzgados rebosarán de tertulianos del corazón, que dirimirán acalorados la motivación de un presidente, la apatía de un consejero, los escándalos amorosos de un concejal. La ley perderá su autoridad, y las sentencias podrán ser causa de recursos interminables.

Así, volveremos al principio. Igual que el escritor siempre vuelve a la sencillez del primer texto, la ley dará paso a la violenta e inapelable demostración de los hechos. Los políticos despojarán de su valor a la palabra, y sus actos acabarán cayendo sobre ellos como una cascada. Como si lloviera en el Congreso.

Anuncios

2 comentarios en “La traducción imposible

  1. Me ha gustado mucho el artículo. Lo único que no me ha gustado tanto ha sido la referencia a los catalanes y el siguiente juego de metáforas:

    “La tradición señala que el detergente más eficaz contra esta clase de manchas es la dimisión. No obstante, en tiempos de austeridad los políticos prefieren comprar las marcas blancas de los productos de limpieza de la imagen pública: la evasión, el disimulo, la negación clamorosa.”

    Pues yo (y digo yo, pues obviamente no soy presidente de nada para hacerte creer que puedo hablar en nombre de nadie más) hubiera dicho que reusan usar cualquier quitamanchas pues nos quieren hacer creer que no están ahí. Son a mi parecer y recordando uno de mis cuentos favoritos, los costureros del emperador que nos quieren hacer creer que no van desnudos, o en este caso, que tales manchas no existen, y quien ve lo contrario es por un grave defecto de visión.

    Espero no haberme enredado mucho.

    1. Estoy de acuerdo con lo último que has dicho. Es verdad que no es que intenten limpiar, es que nos intentan hacer creer que están impolutos. De todas formas la mancha se ve, y si intentan hacérnoslo creer es porque podríamos creer lo contrario.
      Lo de los catalanes pretendía ser una crítica al uso interesado que hacen los políticos de un patrimonio cultural.
      Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s