Lo que cuesta un café

Reírse de Ana Botella porque no sabe hablar inglés es lógico. La burla es una forma de protesta popular. Botella se ha metido en una camisa de dos mil veinte varas y ha hecho el ridículo. También Rajoy, pero de su falta de carisma y credibilidad no se habla tanto porque ya no es noticia. Botella sale menos por la tele porque no es presidenta de un país, sino alcaldesa de una ciudad. Sin embargo, esa ciudad es la más poblada de España, además de su capital, así que la derrota y la mala imagen escuecen.

Vivimos tiempos de cambio, como siempre. La resaca de la inmaculada tradición democrática nos ha dejado en la orilla un mar de escombros morales. Pensamos que vienen de otra isla, pero llevan escrito nuestro nombre.

La mujer de la que tanto nos reímos ganó unas elecciones*. Eso significa que los madrileños decidieron ponerse de acuerdo como hermanos bien avenidos y decidir quién era el mejor de los candidatos para gobernar sus calles. La mejor, según los madrileños, fue Ana “Ruiz-Gallardón” Botella. Lo mismo ocurrió con el Presidente del Gobierno. No se trata de que nos los merezcamos o no, como si alguien nos hubiera impuesto su gestión como castigo o recompensa. Tenemos los políticos que elegimos.

(*Ana Botella NO ganó unas elecciones. Las ganó su compañero de candidatura Alberto Ruiz-Gallardón. A ella, por entonces segunda teniente de alcalde y concejala de Medio Ambiente y Movilidad, la eligió a finales de 2011 el Pleno del Ayuntamiento para suceder a Gallardón y al alcalde en funciones, el vicealcalde Manuel Cobo. Casi dos años después, nadie ha convocado elecciones anticipadas ni ha protestado lo suficiente para que su dimisión sea al menos un asunto de debate público. Y ella sigue siendo la alcaldesa de Madrid.)

En el extranjero también hay elecciones, y Madrid ha perdido las cuatro a las que se ha presentado.

Algunos achacan esta última derrota a los sonrojantes discursos de Rajoy y Miss Botelling. Pensar eso es de locos o de temerarios: si la decisión dependiera de esos últimos detalles, ¿de qué han servido las visitas guiadas de miembros del COI a Madrid, los elaborados proyectos y los convenios de financiación pública y privada? Todo sería un teatro muy caro.

Otra de las teorías que circulan tiene como piedra angular la existencia de una conspiración olímpica cuyo fin exclusivo era jodernos. Según esta línea de rigurosa investigación, la venalidad de los miembros del COI ha vencido la balanza hacia el plato de Japón, cargado de petrodólares procedentes de un contrato millonario con Kuwait. El presunto culpable es Ahmed Al-Fahad Al-Ahmed Al-Sabah, un jeque kuwaití con mucha mano en el COI, el punto medio entre Diego el Cigala y Manuel Tallafé. No me lo termino de creer: de haberlo sabido desde el principio, en lugar de 180 políticos yo habría enviado a uno con un maletín lleno de sobres con dinero. En Génova habrían reunido los suficientes rebuscando en los armarios.

Unos terceros sostienen que este tipo de decisiones son políticas, y que al final da igual quién ostente el mejor proyecto. Algo así como Eurovisión, pero sin canciones. Esta hipótesis, que me parece acertada porque equipara a Botella con Chiquilicuatre, al final no es más que una pataleta parecida a la del párrafo anterior. ¿Por qué esforzarse tanto entonces si la partida está perdida de antemano?

Yo ofrezco una cuarta y definitiva solución a la incógnita: somos pésimos eligiendo. ¿A alguien le extraña que quien mejor imagen dio en la presentación de la candidatura de Madrid fue alguien que no elegimos nosotros? Un príncipe barrió a dos representantes del pueblo. Y, de rebote, a millones de españoles, porque un país, como hizo Dios con el hombre, crea a sus políticos a su imagen y semejanza.

La España que ven los miembros del COI desde hace años no es la del espejito-espejito de la prensa nacional, sino la del callejón del Gato, que ha resultado ser más fiel a la realidad en comparación. No hay maquillaje que pueda ocultarlo.

Así que tómense una relaxing cup of café con leche mientras reflexionan sobre ello: la culpa de todo esto no es de Botella, ni de Rajoy, ni de un jeque ni de Estambul ni de Tokio ni de los medios de comunicación ni de la nunca alcanzada persecución total contra el dopaje. La culpa es exclusivamente nuestra.

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4 comentarios en “Lo que cuesta un café

  1. Muy bueno, compañero. Sólo una cosa: Botella no fue elegida por el electorado.
    Mira este análisis, me parece muy acertado y va en la línea de tu artículo.
    Nos vemos pronto.

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