Por qué creo que “Amelie” no es para tanto

Desde que Amelie se estrenara en el cine, he escuchado a amigos míos decir lo mucho que les gusta esa película. Es más: lo buena que es esa película. En cuestión de gustos ajenos, excepto ciertas fronteras que es mejor mantener para no perder el buen criterio, no puedo opinar. Muchos disfrutan de una historia que aburre, indigna o deja indiferentes a muchos otros. Lo importante es ese buena, ese adjetivo calificativo con que muchos pasan del gusto personal a aspectos taxonómicos.

A mí Amelie no me parece tan buena película.

Pero antes de explicar esta postura, voy a exponer lo que  me gusta de Amelie:

-Una de las cosas que hicieron famosa a Amelie fue su banda sonora. De hecho, hay un antes-de-Amelie y un después-de-Amelie en la vida pública de dos artistas: la protagonista, Audrey Tatou, y el compositor, Yann Tiersen. Tiersen tiene el mérito de imprimirle su sello a todo lo que hace. Me explico: todo artista tiene un estilo, escribe o modela o proyecta edificios como ninguno otro lo hizo. Pero es difícil, por ejemplo, que alguien que no esté iniciado en los misterios de la pintura sepa distinguir un Murillo de un Zurbarán por algo que no sea el cartelito con el nombre del autor que viene junto al cuadro. Con Yann Tiersen no pasa eso. Tiersen es esos sencillos compases de piano, algo así como una lluvia que lentamente arrecia para desaparecer en minutos. Su música es sencilla, quizás simplona, pero hermosa. Mi hermano es matemático, y en la música, que tanta relación guarda con las matemáticas, la belleza está muchas veces ligada a la sencillez.

Amelie es una película sobre gente rara, y esa sensación de ensueño y locura que a veces la rodea se sustenta en su fotografía, con un verde alienígena y subacuático, en una línea argumental entreverada de historietas y pintorescos personajes secundarios, en llaves que brillan a través de los bolsillos y corazones que laten a través de los abrigos y ciegos que arden de agradecimiento porque alguien les ha hecho ver por unos instantes (un momento, por cierto, que invita a la reflexión sobre el poder que tiene la palabra para crear otras realidades; pero ese es otro tema).

Amelie es original. Como siempre, cuando uno hace este tipo de aserto alguien le espeta que no, que ya un polaco, o incluso otro francés, rodó una película prácticamente igual que esta, que fue ignorada por el gran público y que ahora estará cogiendo polvo en los estantes de alguna cinemateca de provincias. Lo que quiero decir con la originalidad de Amelie es que esta película ha alimentado la imaginación de cientos de guionistas. No sólo eso: también cientos de miles de blogs y perfiles de redes sociales. Amelie fue la gasolina de millones de mentes adolescentes que a la sazón se formaban una personalidad propia.

Son razones para no defenestrar una película. De hecho, no creo que Amelie sea una mala película. Me parece interesante y capaz de conmoverme.

No obstante, es imposible que una película sea buena con personajes tan unánimes (planos, como dicen los entendidos), hombres y mujeres definidos porque les gusta apretar plásticos de burbujas o crujirse los dedos, o por la hipocondría, la timidez o el fracaso literario. Son cosas reales, pero no situaciones; son puntos, pero no marcos; elementos que no tienen el peso en la personalidad que pretende mostrar la película.

He dicho que Amelie es una historia sobre gente rara. Por eso mismo no convence tanto. Una vez leí que Y Johnny cogió su fusil no valía como película antibelicista porque tomaba como ejemplo de los estragos de la guerra el caso más extremo de sus damnificados: un soldado que pierde su rostro y sus extremidades, condenado a pasar el resto de su vida en la cama de un hospital. La razón es que eso puede pasar, pero no pasa casi nunca. Esa estrategia retórica sólo consigue relativizar los desastres de las guerras y perder su poder de convicción como denuncia. Lo mismo me parece que le pasa a Amelie: me parece una película muy bonita, pero la vida no es así. Por eso creo que tiene tanto ascendiente entre los adolescentes; Amelie muestra un mundo embrionario, carente aún de todas esas zonas de grises que hacen tan difícil e interesante la vida real. Hay tenderos sociópatas y hombres de cristal, y viudas en luto perpetuo y hombres paranoicos, pero ponerlos a todos en el mismo bar o el mismo bloque de pisos convierte su mundo en un mundo que no es el nuestro.

Sí, creo que las buenas historias sobre gente normal son las más extrañas.

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7 comentarios en “Por qué creo que “Amelie” no es para tanto

  1. Amelie es una peli interesante pero como interesantes acaban siendo todas las fotos que uno sube a Instagram. El equilibrio de las luces, los tiempos de exposición, la paleta de colores, la planiEl guión de Amelie parece basado en un algoritmo Las composiciones de Yann Tiersen pueden bien producir ese efecto que comentas porque, pero al tiempo es bien subjetivo A nosotros, así de historias sobre gente rara pero más normal, nos ha gustado mucho Punch-Drunk Love de Paul Thomas Anderson.

  2. Amelie es una peli interesante pero como interesantes acaban siendo todas las fotos que uno sube a Instagram. El equilibrio de las luces, los tiempos de exposición, la paleta de colores, la planicie de sus personajes, todo el guión de Amelie parece basado en un algoritmo semi desnudo. Las composiciones de Yann Tiersen producen ese efecto que comentas; no sabemos decir si porque el mercado nos tiene habituados a otra clase de algoritmos, o es que él se sale de la norma en algún otro aspecto.

    A nosotros, así de historias sobre gente rara pero más normal, nos ha gustado mucho Punch-Drunk Love de Paul Thomas Anderson.

    1. Instagram y Amelie tienen esa cualidad de algoritmo, de fórmula de éxito inagotable. Con el paso de los años ese algoritmo -como lo llamas- va perdiendo sus galas, y se muestra tal como es. Puede ser un algoritmo bello y seguir suscitando admiración. En este caso no ocurre eso.

  3. Reconozco que me sorprendió tu voto con escasa puntuación para Amélie..Bueno es cuestión de gustos, a mi me atrapó algo más.No me pasó lo mismo sin embargo con Chocolat..ahí coincido contigo. Y éxitos extraños como tomates verdes fritos..Por eso digo lo de gustos, aunque suene algo a ignorante. reconozco que entendida en cine no soy y que pocas películas me atrapan. Por cierto, este finde he estado mirando tus calificaciones para tantas peliculas que no he visto que he elegido dos con puntuación potente de tu parte.Una de ellas me ha encantado, creo que había visto algo de ella pero solo en parte. Me refiero al documental sobre Triana.Una joyita

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