Una película y una entrevista

-Hoy he visto “Harakiri” (“Seppuku”, en japonés), una película -un peliculón- de 1962 que trata de muchas cosas.

Como en cualquier texto, en el primer plano se nos cuenta una historia; más allá, con algo de esfuerzo, se vislumbran los temas universales que hacen grande a cualquier obra. Ver más allá del mensaje primero es convertir la imagen y la letra en un objeto de tres dimensiones.

Por eso esta película, de la que no desvelaré ningún detalle importante, trata, como digo, de muchas cosas: de la injusticia que comete quien no se pone en la piel del juzgado; de la fragilidad de la vida y los sistemas de poder; del valor y el honor, y de las máscaras y abrigos con que los cobardes se hacen pasar por héroes y hombres nobles; de cómo el tiempo, a través del arte o de la destrucción del arte, puede dejar al descubierto esas trapazas; de cómo la historia es siempre la historia de los vencedores.

Lo curioso es que si uno no se preocupa por extraer el jugo de la historia, y deja simplemente posar los ojos para pasar el tiempo, se encontrará con una película incomprensiblemente lenta.

Un mismo objeto puede ser muy distinto si lo mira un curioso o un estúpido, puede irritarnos o estimularnos, causarnos placer o desesperarnos. Por eso recomiendo verla, sí, pero con ojos vivos. Al igual que todo lo demás. Lean con ojos vivos. Coman con bocas vivas. Amen con lenguas vivas. Si no, la vida no tiene sentido.

Cristobal Santos Sáenz ha publicado el vídeo de la entrevista que la revista Forbes le ha hecho a Ignacio Escolar, director de eldiario.es. Me interesaba verla, no sólo porque Escolar me parece una de las personalidades ilustres del periodismo del mañana. También me atraía el hecho de que la compartiera Cristóbal, un tipo de los que ven y leen con ojos vivos.

No revelaré nada sobre lo que cuenta Ignacio Escolar, porque quiero que vean el vídeo.

Lo que quiero contar es la impresión de que los valores otorgan serenidad a quien los practica. Si difícil es que broten normas morales en nuestra vida, ideas fijas a las que tratamos como principios y metas de nuestras decisiones, más difícil es llevarlas a la práctica. Los valores deben comprometer, deben mover a la acción, y así provocar un cambio efectivo en nuestro carácter. Y me ha dado la sensación de que Ignacio Escolar ha conseguido que en su empresa se encarnen los valores que él, sospecho, abriga.

La conciencia tranquila no sólo debe reservarse al sueño. Bien por él.

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