Lo que no sirve

Leo en gizmodo.es que el Observatorio Big Bear de California ha logrado capturar una mancha solar con la mayor resolución conseguida hasta la fecha.

(Esta es la entrada. Tómense unos segundos para ver la imagen con tranquilidad: http://es.gizmodo.com/esta-es-la-foto-mas-precisa-que-se-ha-tomado-del-sol-ha-1055995635)

Lo que me llama la atención de la forma del sol es que, además de sol, podría ser otras cosas mucho más pequeñas. La textura de un trozo de sangre seca. El esponjoso centro de un higo maduro. La tela de araña que forma un vidrio roto un instante antes de despedazarse.

Ese sol me indica que somos parte de algo inmenso. El sol, la fruta o las nervaduras del cristal, todo ello son variadas manifestaciones de una misma fuente que confiere de sentido a todo lo que vemos. No estamos solos, viene a decirme el sol. Es imposible acercanos siquiera a su piel ardiente, pero si pudiéramos adentrarnos, como en un ensueño, por esa mancha oscura, nuestra mano quedaría envuelta en una nebulosa, una suerte de fresco pistilo de girasol.

Ver algo y pensar en otras cosas: eso es arte.

Hace poco leía, en unos comentarios a un enlace publicado por Daniel Gutiérrez en Facebook, cómo alguien comentaba que sólo son necesarias las profesiones que generan dinero, que son útiles para la economía. Soy incapaz de ver en el dinero algo más que el sustento material de la sociedad, un elemento poderosísimo de atracción y perdición. Como persona, siento que hay más cosas entre el cielo y la tierra de las que se sueñan en nuestra filosofía. Eso lo dijo Shakespeare, a través de su personaje Hamlet.

Menciono a Shakespeare, además de para alardear, porque acaban ustedes de ver una aplicación del arte a la vida: volver sus vivencias nuestras vivencias, sus enseñanzas nuestras enseñanzas. Un hombre comete errores en el papel o en el lienzo, y nosotros podemos recordar lo que hicimos o aventajarnos, predecir lo que ocurrirá en nuestra vida, como predicen los diligentes corredores de Bolsa las microscópicas fluctuaciones que ocurren a lo largo de la jornada en los valores del mercado.

Ambos movimientos, ambos gestos, ambas formas de vida, son variadas manifestaciones de una misma fuente (el Sol, ¿recuerdan?). Unos buscan, desde el más puro altruismo o la vileza más abyecta, enriquecerse especulando. O proyectando edificios, o elaborando sofisticados mecanismos para sofisticadas máquinas. Otros, también capaces de lo mejor y lo peor, son artistas. Ellos exploran al hombre, diseccionan lo que piensa y lo que siente, lo que come y lo que sueña y lo que hace y anhela hacer, en busca de la salud espiritual.

La vida no es sólo dinero y economía: es, principalmente, vida. Igual que tras el girasol o el vidrio se esconde un sol unánime y real, tras el arquitecto, el empresario o el ingeniero, se esconde un ser humano. Consuman, pero consuman también cultura. Así todos estaremos satisfechos.

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