Héroes

Todo indicaba que Annie Edson Taylor, viuda y madre de un hijo muerto, después de dar clases de baile en Bay City, lecciones de música en Sault Ste. Marie, partir de Michigan a Texas, de allí a Ciudad de México y volver de allí a Bay City, con un miedo terrible a morir en un hospicio, saltaría en pedazos cuando el barril acolchado en el que iba metida se estrellara contra la rugiente espuma de las cataratas del Niágara.

Era el 24 de octubre de 1901, el día en el que cumplía 63 años. Quizás el último de su vida.

Sobrevivió.

La pobre sobrevivió, como ya llevaba sobreviviendo toda su vida.

Sólo por esta hazaña, esta heroicidad, yo puedo hablar de ella. Si no hubiera tomado la decisión de arrojarse a las llamas húmedas del Niágara para ganar dinero, ningún fotógrafo la habría retratado, con un vestido negro y un floripondio blanco en el pecho, y al  lado un barril que dijera en letras escandalosas: ANNIE EDSON TAYLOR. HEROÍNA DE LAS CATARATAS DEL NIÁGARA. 24 DE OCT. DE 1901. FM RUSSELL MGN.

Las letras escandalosas del sensacionalismo y las heroicidades populares.

Precisamente quiero hablar del heroísmo. Pero no el de los locos, sino el de los pobres.

Lo que vuelve loco a un pobre es la supervivencia. El pobre -que antes era persona, tenía nombre y una historia pero ahora sólo es un pobre- hace lo que sea para seguir viviendo. Le da igual que sea dando clases, menudeando en la calle o bailando obscenamente en locales húmedos y oscuros. Esa voluntad de hacer lo que sea, de sobrevivir -subvivir, habría que decir- es el verdadero heroísmo, la hazaña constante que roba tiempo al hambre cada día.

El barril dice “HEROÍNA”. Los barriles no saben de lo que hablan. ¿Heroína? Nada que pudiera haber hecho ella habría tenido efecto sobre el resultado de tirarse en un barril por las cataratas del Niágara. Una temeraria, una inconsciente, una mujer con mucha suerte. ¿Pero una heroína? Los héroes, primero, lo son porque burlan a su destino. No la suerte, sino ellos mismos. Y segundo, los héroes lo son porque hacen un favor a los demás. ¿Qué favor hizo esta mujer a la humanidad jugándose la vida de esa manera? Ninguno.

Sí lo hacen quienes hoy, a pesar de la falta de dinero, pese a las manos que no dejan de metérseles en los bolsillos como arañas, resisten. La resistencia equivale a la persistencia. Sobrevivir es seguir estando ahí, aunque te roben, aunque te marginen, aunque te criminalicen y te impidan ejercer tus derechos porque no puedas pagarlos. Esos son los verdaderos héroes. También quienes ayudan desinteresadamente a quienes necesitan ayuda. España está llena de ellos.

Así, la próxima vez que oigáis hablar de Annie Edson Taylor, heroína de las cataratas del Niágara, la primera en jugarse la vida de esa forma tan absurda, pensad en lo que dijo:

“Si me quedara el último aliento de vida, le diría a todo el mundo que no intentara hacerlo… Me pondría delante de la boca de un cañón, sabiendo que me iba a partir en pedazos, antes que tirarme de nuevo por las cataratas del Niágara.”

No es la caída última y súbita, el movimiento final y desesperado, sino el lento descenso vital lo que la convirtió en una heroína. El resto es sensacionalismo.

NOTA: La vida de Annie Edson Taylor, en este enlace (en inglés).

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