Tópico

En la calle Alfarería, de camino al centro, un viejo ha tirado un plástico al suelo. Me he acordado de los tópicos sobre la juventud, de lo absurdos que son. Los viejos también ensucian la ciudad. Como un eslabón inevitable he pensado luego que los viejos son los que más ensucian, los que más se quejan, los que más ralentizan la vida. Y, por suerte, inevitablemente también he pensado que lo que yo pensaba era otro tópico. He buscado la causa.

Y la causa es el descontento.

Y el descontento, que macera en un fuego leve y amargo, va llenando de tristeza y de indignación el corazón. El descontento funciona como una granada: uno tiene la granada apretada en la mano, y en cualquier momento algo tirará de su anilla y la hará explotar. Algunos tienen más capacidad para disolver los restos de la deflagración. Otros no. Por eso la gente es racista y homófoba y misógina y fan de las ciencias políticas. Por el descontento. Porque tiene miedo. Porque no comprende.

El plástico sigue ahí, a veinte metros de una papelera.

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