El zumo y las pastas

Mi abuela A. nació en 1930. Vive con mi tía M.A. A mi abuela le gusta ver los concursos de la tele. Le gustan las cenas frugales. Le gustan los plátanos desmoronados de tan maduros.

Algunos días voy a la casa de mi abuela y junto a mi tía hablamos un rato en el salón mientras me tomo algo de zumo y unas pastas. En una de estas ocasiones hacía pocos días que yo había asistido a una de las manifestaciones que el Movimiento 15M ha organizado en la Plaza de la Encarnación de Sevilla. Antes de que me preguntaran cariñosa y rutinariamente sobre el devenir de mi carrera, les conté a mi abuela y a mi tía los detalles de la protesta: dónde se celebró, a qué hora de la tarde, cuánta gente recorrió la Avenida de la Constitución y las calles comerciales del centro, el temblequeo de las cifras de asistencia –las oficiales y las oficiosas-, por qué decidí salir y por qué había decidido volver a salir en futuras e indeterminadas convocatorias.

Sin yo saberlo -o quizás más consciente de ello (más verdadero) por indeliberado- estaba ejerciendo de periodista; estaba enmarcando en una red de coordenadas el sujeto, el verbo y los predicados de un texto concreto: el malestar de cientos de miles de personas en toda España que querían y desean una democracia más fiel a su propia etimología.

El silencioso avance del movimiento y sus cuestionables devaneos y torceduras no son tema de este artículo.

Sin yo saberlo, estaba explicándole a alguien a quien le gustan los concursos y los plátanos prietos y blandos, con palabras simples y fáciles de entender, lo que algunas páginas públicas califican de “posmodernismo callejero”, “política de nodos” y otras tonterías semejantes que mi abuela no entiende.

Es necesaria la advertencia: explicar las cosas de la forma más sencilla posible no te hace periodista, igual que no te hace albañil lloverle adjetivos más o menos afortunados a las mujeres que pasan por delante de ti en la calle. Pero es un requisito recomendable.

Ser periodista es donarle a quien nos pide su ayuda las herramientas para no volver a necesitarnos jamás. Ser periodista no es informar. No es sólo eso.

Informar es tener un kilo de arroz. Ser periodista es cocinar la paella. E invitar a todos tus vecinos.

El periodismo ciudadano –que informa- carece de habilidades culinarias. Los vídeos subidos por particulares a Youtube o las fotos o los tuits publicados en las redes sociales son puras golosinas. Algunas de ellas están muy ricas, pero casi todas saben a bolsa de plástico vacía. El periodista ciudadano, que habla porque se cabrea y se indigna, es esclavo de sus vísceras. El ciudadano periodista es esclavo de su código ético (un amo mucho más sensato y cabal, dónde va a parar).

Como los curas, los periodistas tienen que moderar sus impulsos. Un rumor infundado puede hundirle a alguien la vida. Un aviso a tiempo puede salvar a miles de personas. Sea la decisión que sea, hay que tomarla con rapidez. Sobre esa cuerda floja y frágil se balancea el periodista. Alguien que habla desde un púlpito privado no puede sentir la presión ni la responsabilidad de quien le habla a millones.

Ser periodista, entonces, es hablar de forma ética sobre un asunto para que todo el mundo lo pueda situar en una estela de causas y consecuencias.

Ser periodista es ganarse con razones el zumo y las pastas. O, como dice mi colega Cristóbal Santos en un tuit:

“La doble L que todo periodista persigue: Lentejas y Libertad. Poder vivir de nuestra profesión y ejercerla con vocación y principios.”

(Sí, es un tuit.)

(Y no sabe a bolsa de plástico vacía.)

*Este artículo fue escrito para la asignatura ‘Ética y deontología periodísticas’, dentro del programa de una licenciatura en Periodismo bastante obsoleta y atrofiada. Aunque esa es otra historia.

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6 comentarios en “El zumo y las pastas

  1. Creo que yo podría escribir algo muy parecido hablando de la diferencia entre hacer matemáticas y divulgarlas ; ).

    PS: Deberías añadir entre los libros que estás leyendo Persépolis 3 o 4, ¿no?

  2. Este artículo le encantará leerlo a una amiga mía periodista, estoy segura de ello, como me ha encantado a mi. Ese periodismo, de esa manera definido y hecho es el que echamos de menos muchas veces. Rico,como el zumo y las pastas.

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