Libertad para no hacer nada

“We don’t need lists of rights and wrongs, tables of do’s and don’ts: we need books, time, and silence. Thou shalt not is soon forgotten, but Once upon a time lasts forever.”

Philip Pullman

Hace unos días leí un titular que decía: “¿Por qué fingimos los orgasmos?”. Hoy, en un enlace que ha publicado mi amigo Carlos Gil, he descubierto que existe un documento -memorándum de entendimiento- por el cual dos países se ponen de acuerdo para tomar una serie de medidas comunes. Los dos hablan de la incapacidad para entenderse uno mismo, de que te digan qué tienes que hacer o por qué haces lo que haces. Encontrarme síntomas similares en las secciones de sociedad y economía es una de estas casualidades de la vida, como que dos personas estén pensando en la misma melodía y la silben al unísono sin comunicación previa.

Lo que me preocupa de todo esto es la cosificación de nuestra vida. La encarnación física de la literatura. Que Max Estrella seas tú de repente. Me preocupa y me sorprende descubrir que no nos sorprende leer ese tipo de instrucciones y explicaciones, la visión del ser humano como una nevera o una caja de aspirinas o un televisor. El reconocimiento de un profundo desconocimiento. De mí, de nosotros, del país entero.

Me doy cuenta de esto como cuando uno se da cuenta de que estaba soñando justo al despertar, y todos los intentos que uno hace por entenderlo son inútiles, por tratarse de dos lógicas distintas. Pues bien: esta realidad torpe y desorientada en la que vivimos no tolera lo inexplicable. Dicho de otro modo: nos dijeron que la certeza era necesaria para luego descubrir, justo al despertar, que la certeza sin la lucidez es inútil como un pan sin miga. Que todas las razones por las que tomamos nuestras decisiones (o, mejor dicho, el afán por buscarle una razón a todo) han cambiado el orden y el lugar de las cosas y hasta la propia naturaleza de esas mismas razones.

Queremos entender por qué fingimos los orgasmos, cómo saber si alguien miente mediante el análisis de sus gestos faciales, cuándo es el mejor momento para dejar una relación o qué afinidades ocultas revelan las distintas orientaciones de las piernas en las conversaciones de grupo. Queremos quitarle el interés a la vida.

Al mismo tiempo, las explicaciones ya no necesitan fundamento, sino una forma atractiva y fácil de digerir. Y la forma de enfrentarse a esto es la otra cara de una misma moneda sin valor: el rechazo total, las gafas sin cristal y el arte sin corazón. Es decir, el hipsterismo como negación universal.

El problema de fondo es que entre tanto creyente y ateo de carné, ser agnóstico es la única solución posible. Pero el agnóstico no se moja. El agnóstico es el que siempre lleva la razón porque no esgrime ninguna, porque carece de convencimiento y de impulso. El agnóstico -que es el hombre de nuestro tiempo, aunque parezca lo contrario- es un espectador que no abuchea ni aplaude. El agnóstico es la única solución posible, pero no es la solución. El agnóstico necesita que le digan por qué ama, por qué odia, por qué le gustan las berenjenas y no la merluza, por qué le ponen triste los días de lluvia, cuáles son las enzimas y neurotransmisores que lo mueven desde dentro, rebotando en su cuerpo sin vida.

Así es ahora mismo el mundo, y el amor, la religión, el arte, los gustos y la ética -también la ética- se han convertido en productos e invenciones de think tanks. Panes sin miga. Cáscaras de sueños. Entidades totalmente ajenas a la humanidad. Libertad total para no hacer nada. Tramas predecibles en las que libros, tiempo y silencio son tres nodos más de un mismo sistema vacío.

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5 comentarios en “Libertad para no hacer nada

  1. Cultura de masas-mainstream y contracultura alternativa. Tú lo has dicho, dos caras de la misma moneda que nutren al mismo sistema. Y en la intersección de ambas al final no somos más que meros espectadores de la vida, de las proezas que otros logran (deportes-literatura-cine-música…). Al final acabaremos con las mismas listas estandarizadas (must read/must see…) de cosas imprescindibles por hacer antes de morir. Creo que la cultura es liberadora, pero al final es una mera represión de las emociones e instintos, un filtro que nos hace buscar la razón última en todo lo que hacemos. Hay veces en que es mejor hacer símplemente lo que te apetece en ese momento. Creo que la “solución” es una mezcla de creencia, agnosticismo y ateísmo. Me explico bastante mal.

    1. Por supuesto, creer o no creer valen y tienen que complementarse. Yo defiendo la cultura como descubrimiento propio -en dos sentidos: nosotros descubrimos por nuestra cuenta y nos descubrimos a nosotros mismos-. Es evidente que una sociedad “necesita” listas a modo de pegamento, pero uno se tiene que mover dentro o fuera de esa lista y tener su criterio propio.
      PS: “En el camino”, de Kerouac, es un típico libro de lista estandarizada. Pero merece la pena si lo haces propio. Por eso hay que tener cuidado con establecer límites.
      Muchas gracias por comentar 🙂

    1. Leído el artículo. Me gusta sobre todo la doble idea del sacrificio necesario y la persistencia del orden -nomos- en las desgracias: “La guerra puede ser cruel, pero pertenece al orden de las cosas.” Me ha gustado mucho.

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