La (pequeña) libreta de Irene

Antes de irme a Berlín, Irene me dio una libreta algo más pequeña que un post-it estándar. Dijo que quería que escribiera pocas palabras cada vez, que domara mi pensamiento y su tempestuosa unión con mis dedos. Me la dio y me dijo que cuando volviera de Berlín lo quería leer.

La libreta tenía la portada de un papel rugoso, bastante más grueso que las pequeñas hojas que la conformaban. Tenía una luna dibujada en un fondo azul oscuro. Irene es de esas personas a las que la noche les disgusta porque se sienten identificadas con ella. Creo. No sé si me explico.

La tapa trasera estaba hecha del mismo papel rugoso, del color de una yema de huevo poco fresco.

Bastaron unos días para comprobar que no podía llevarme la libreta conmigo todos los días. Me la guardaba en un bolsillo y cuando se me ocurría algo sacaba un lápiz de IKEA (en la casa donde vivía de alquiler había dos botes repletos de lápices de IKEA)  y lo anotaba. Pronto descubrí que, con la fricción del bolsillo al caminar, la tapa de la libreta se había desprendido: cuando llegué a mi casa saqué un cielo arrugado de mi bolsillo. Cometí un nuevo error al volver a salir con la libreta en el bolsillo, porque la misma fricción que me había roto la luna también conseguía emborronar mis anotaciones a lápiz. Era más cómodo llevar un lápiz de IKEA en el bolsillo que un boli -que podía explotar y dejarme el pantalón empapado de tinta-, así que desistí y decidí seguir anotando mis breves ideas en otras libretas, en el móvil, en el ordenador o en lugares más inconfesables, como hojas de apuntes o trozos de papel higiénico.

Este es el resultado:

-No se entra siempre de lleno. Cada vez menos: vamos dejando hilachos tras nosotros.

-Los alemanes hablan, y son como la válvula de una olla a presión.

-Para volver, tras todo el papeleo, he tomado la línea U3 en Thielplatz, luego la S41 en Heidelberger Platz, y el Bus 123 en Beusselstrasse. Durante todo el camino he sentido burbujas de hambre en el estómago.

-El capitalismo es la mayor tragedia del ser humano.

-La televisión. Se adivina el avance a un nuevo diseño, a lo plano. La televisión esconde sus botones o intenta perder barriga, como un viejo aprende a usar un ordenador. Me suscitan la misma compasión, comparten la misma torpeza indeseada, enemiga.

-Más tragedia. El tiempo convierte la vida en una tragedia.

-Vivir es vivir la tragedia, aportar la lucha necesaria para que la derrota no le resulte tan barata a la muerte. Vivir es llevarnos parte de la muerte con nosotros, al morir.

-El artista trata de conservar la belleza, de raptarla y cuidarla, de guardarla, de convertirla en alimento para los días oscuros.

-Berlín está cubierta por la historia. Me paro para esperar al autobús (¿si no me paro no viene?), alzo la mirada y veo un edificio. Como me ha llamado la atención, lo observo. En su parte baja brillan en amarillo y azul un Commerzbank y una tienda de mercancía indeterminada.

-Wake up to the morning. Wake up in the morning. Los sentimientos que una preposición distinta puede suscitar.

-Vivimos en una época de cambio. Lo que da miedo es pensar que el cambio es a peor, y que hasta que no tengamos el barro por el cuello no nos daremos cuenta de todo lo que hemos dejado atrás, que hemos perdido allí abajo, en el barro. Que hasta que sea imposible volver atrás no comprendamos cuáles fueron nuestros errores.

-Algunas contradicciones: a) Quien no presta atención a los padres llora desconsolado por su ausencia; b) El artista, que nunca está contento con su obra, no soporta que otros la critiquen o le den consejos.

-Jesús murió para convertirse en una cruz. Jesús murió para ser inmortal.

-Al arrancarme los pelos de la barba, parecen arañas ahogadas entre las puntas de mis dedos.

-Es engañoso entrevistar a un escritor. El escritor nunca improvisa. Escritor es [borrón]. No-es-lo-mismo.

-En fútbol, cuando marcas a un jugador no puedes dejar que se te escape y te drible. Debes perseguirle, [borrón]. En periodismo, es obligatorio informar al momento, pero después hay que profundizar. Los malos futbolistas se rinden; los malos periodistas no profundizan.

-Las colinas son curvas que hizo dios mientras escribía el mundo. Probablemente viajaba en un autobús por una carretera comarcal.

-Wor(l)d

-Sólo se puede escribir con los ojos abiertos.

-MIS MANOS, QUE DUERMEN EN LOS BOLSILLOS CUANDO FUERA EL MUNDO ES FRÍO.

-A thing of beauty is a joy for ever (Keats).

-La sociedad más legítima es aquella en la que -tomando la idea de un sistema- todos sus miembros son totalmente libres de permanecer en ella, rebelarse, cambiar sus leyes… Así, esta sociedad carecería permanentemente de identidad, y al mismo tiempo ofrecería la identidad más acorde con las voliciones de sus miembros. (Tras ver Moonrise Kingdom).

-La imagen digital trae la inmortalidad a la imagen. Los cambios que produce el paso del tiempo no afectan a una imagen digital. Por ejemplo: si yo pinto un cuadro, el cuadro con el tiempo se estropea. La imagen digital no; la imagen digital es la fuente de la eterna juventud.

-Idea: descripción de una chica que varía en función del momento y el estado de ánimo de quien la escribe. Por ejemplo: “era guapísima”, y otro día: “era una más”; desarrollar con más detalle.

-El arte, especialmente el contemporáneo, pone a la vista. “Exposición” es el mejor término para denominar una colección pública de obras de arte. Si Grey le hace una foto a una naranja pelada y la expone, no es una chorrada. Porque el paradigma ha cambiado: el artista ya no crea; el artista ordena y destaca algo de otra cosa; y puede hacerlo mediante el orden o mediante el desorden, mediante el figurativismo o la abstracción. El arte contemporáneo depende más que nunca del receptor. Por eso a veces pienso que el arte está muerto, o que sólo habrá arte aristocrático, que se diferencia del arte popular o de masas en que este último muestra algunos caminos -mejor dicho: los sugiere, los recomienda-. El arte político directamente lo explicita.

-Una ola gigante. El agua, que es imposible mantener de pie, se alza treinta metros mientras se mueve. Y este movimiento hace que no se caiga. Cuando pierde fuerza, toda ella se derrumba a un tiempo. Quizás podría ser un símbolo del hombre, que necesita siempre moverse para no caer en el mar de la mediocridad o del aburrimiento o de la muerte.

-El catálogo de colecciones que vende un kiosko. Entero. Con todo detalle. Colección por colección. Maneras de agarrarse a la vida.

-Dios no abre puertas. Dios nos las señala.

-El recuerdo es rehacer.

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4 comentarios en “La (pequeña) libreta de Irene

  1. Esto es casi una dedicatoria. Me ha hecho mucha ilusión.
    Rafa, quiero volver a escribir, pero creo que me he roto. Espero que pueda arreglármelo, no sé, la Casa de Max, por ejemplo…
    Nos vemos pronto 🙂

  2. Leyendo estas pinceladas de tu inquieta materia gris, me da la sensación de que te conozco un poco menos pero bastante más.
    Tus retazos más cortos son como haikus anárquicos.

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