De nuevo un extraño

Desde aquí puedo ver Sevilla.

Ayer pedaleé por Grunewald y junto al Olympia Stadion, me acerqué a Spandau con galletas de mantequilla y espuma de afeitar en la mochila. Aquí en el norte la luz se va olvidando de sí misma, y nada entre el suelo y el cielo con un latir enfermizo de cosa olvidada.

Camino leyendo: Oscar Wilde, John Fante, Chrétien de Troyes, Bolaño (que rima con Castaño), Andrés Neuman, Samanta Schweblin, Alberto Olmos, Santiago Roncagliolo, la horrenda traducción que hace Ramón Buenaventura de DeLillo en “El hombre del salto”. Dedico el tiempo de escribir a pensar lo que podría escribir.

Juego al baloncesto. Bebo cervezas: nada como la Augustiner. Como hamburguesas: nada como las de Burgermeister, que antes era un lavabo bajo las vías del metro, junto a Schlesisches Tor. Allí en Sevilla no hay cervezas ni hamburguesas tan buenas, pero están los bocadillos del Manolo y están las flores azules del cielo y las palabras entre las que nací. Visité por fin Yaam, descubrí una playa en un lago que no pude enseñarte, viajé 17 paradas de metro, volví al Quasimodo, el guitarrista era una guitarra con barba, cené patatas espolvoreadas con sabor a queso y cebolla, pagué tres euros y medio por medio litro de cerveza. Expuse mi lengua trabada a treinta alemanes. Aquí no se aplaude, se chocan los nudillos contra una superficie dura, normalmente la mesa. Algunos días me hundo en el tormento vago de mi habitación. Más tarde, cuando me acuesto, pienso: “mañana salgo a tomar el aire”. Y mañana llega y con él la noche. Descubro las conexiones, desapercibidas de tan visibles, entre Yorckstrasse y el QDamm, entre la Kaiser Wilhelms Gedächtnis Kirche y el Zoologischer Garten. Siento las diéresis como algo propio.

Podría decir que Berlín ya no es distante. Pero no. Soy Erasmus y la nostalgia me apaga como se gasta una bombilla. Algunos días hacen 30 grados, hace calor, y me acuerdo de Sevilla. Me acuerdo de ti, de vosotros. De los paseos junto a los labios demasiado húmedos del río. De sus latas y sus ratas y sus maderas rotas. El atardecer del sur, pavo real que lee poesía. Podría decir que Berlín ya es mía pero no. Y no es por Sevilla.

Viniste, te fuiste, y Berlín de nuevo fue un completo extraño.

Anuncios

3 comentarios en “De nuevo un extraño

  1. Son algo especiales los berlineses pero tengo que reconocer que Berlín me sorprendió muy gratamente. Ah..qué pena que cuando fui a Sevilla (ciudad que me encantó) no sabía de Manolo y sus bocadillos…bueno,para la próxima.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s