Parón

Un parón viene bien. O eso espero. Algunas veces mi padre me pregunta que si he escrito algo más. Yo le digo: “¿Qué es lo último que has leído?” “Lo de la mesa roja” “Pues eso es lo último”. Y me pongo a jugar al Angry Birds o a leer algo mientras hablo con ellos por Skype.

El parón tiene explicación y no la tiene. Mejor dicho: toda explicación es sobre algo pasado, no podemos explicar por qué haremos algo porque no estamos ahí aún. Por eso, toda explicación es, de alguna forma, traidora. Aunque también es traidora la literatura, y se toma por verdad. En fin. La explicación puede deberse a que no tengo cámara de fotos, y lo que yo pensaba que iba a ser un blog de viajes se me ha quedado en el proyecto. Pero no lo sé realmente. He leído y visto bastante para lo que suelo leer y ver, eso sí. Hablaré un poquito de todo esto.

Breaking Bad es una mezcla de La broma infinita y The Wire, pero no llega a ser una obra maestra. O con los términos de la nueva ola de crítica universitaria, no es “una puta maravilla”. Lo mejor de la serie es la concentración de mentiras que va acumulando Walter White en su viaje al centro de la droga. Puedes sentir la tensión, esa llama que todos hemos sentido alguna vez cuando, adolescentes, le hemos ocultado una prueba de nuestra rebeldía a nuestros padres. Al final, o la rebeldía no era para tanto o nuestros padres ya lo sabían. Pero ya se sabe: nuestro miedo alimenta lo que tememos. Un ejemplo contemporáneo: cuando pasan unos cuantos días sin haber escrito nada, empiezo a pensar que ya no valgo, que no voy a escribir más, que mis pechos están secos y mis manos son de polvo y patatín patatán. El miedo alimenta lo que tememos. El Madrid puede ganar este derbi. El miedo alimenta lo que tememos. En toda la vida se aplica.

Aparte de Breaking Bad, he visto algunos capítulos de Cowboy Bebop, por lo que Askla estará un poco más contenta. La opinión la daré cuando me acabe la serie: tengo la sensación de que hasta que no vea el último capítulo no la voy a poder entender. Salvando lo dicho, y con la dulce seguridad con que el alba me sigue iluminando los días, estoy viviendo un segundo proceso de normalización. El primero consistió en abandonar esa forma críptica de escribir y de vivir -que uno y otro van siempre de la mano-. Atrás quedan, en la pequeña escala que me permite mi edad, las pajas mentales. Con ello, abrí un poquito las ventanas de mi cuarto y escuché algo más el sucio y auténtico hablar de la calle. Me fue mejor, ya lo creo.

La segunda normalización la estoy viviendo ahora. En ello influyen, creo yo, tres cosas: Alba, por supuesto; vivir en Berlín, con sus ensayos de vida autosuficiente -subvencionados por la Junta de Andalucía y la generosidad de mis padres-; y algún que otro blog o página nueva, como jotdown o Manuel Jabois. La normalidad es la norma. Debe serlo. Estoy empezando esta segunda normalización, que me huelo que es algo normal de mi edad. También es normal de mi edad hablar de nuestros pares como un viejo que lo ha vivido todo. Y así nos va. Perdidos como estamos todos. Nos falta ser más normales. Yo voy bien por donde voy. Llevo a gusto un buen tiempo.

Y me he dado cuenta, además, de que mucho de lo que escribe mi generación trata de su interior o de internet. ¿Dónde queda el espacio para los bares o las anécdotas? Para los escritores que empiezan, su vida normal es una infidelidad al Arte, con mayúsculas, a la Gloria, a la Trascendencia y a lo que esperan y esperamos de nosotros mismos. Y sentimos dentro esa llama. Quizás por eso me gusta Breaking Bad: porque me recuerda a mi época de escritor maldito. Luego resultó que no era ni lo uno ni lo otro. Escritor sí quiero ser. Maldito, ni puta gana que tengo.

Dejadme tiempo para deshilvanar el ovillo. Para desenredar los auriculares. Esta entrada es un poco vómito, y presumo de que así lo sea. Porque si un parón viene bien, lo que viene después de él tiene que ser mejor por fuerza. A vuestros ojos me remito.

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2 comentarios en “Parón

  1. Askla no estará contenta hasta que no la veas entera, por supuesto… Empezarás a entender mucho antes del final. Ballad of fallen angels, es la clave (una de ellas).

    No fuerces la máquina. Yo no lo estoy haciendo. Uf, tal vez deberíamos probar a forzarla y escribir algo, aunque sea a disgusto y vomitado, no? 😛 Un beso!!

    Abrígate y acuérdate de nosotros, hazle fotos a Berlín y etiquetame, etcétera, etcétera…

  2. Fíjate, el capítulo ese sí lo he visto, y ya me picó la mosca detrás de la oreja. Algo raro se esconde detrás de todo eso.
    Forzar la máquina no, pero tampoco tenerla parada. Que luego llega el síndrome de abstinencia y la tenemos.
    Cuando consiga una cámara de fotos, este blog será distinto. Lo prometo con esta escurridiza tinta electrónica.

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