Pa Negre

Pa Negre, seleccionada por la Academia de Cine española para representarnos en los Oscar. Lo que lleva a ciertas preguntas: ¿cuántos energúmenos cogerán el ordenador y lanzarán invectivas catalanófobas? ¿Cuántas películas españolas versan sobre la Guerra Civil y la inmediata posguerra? ¿Cuánto cinismo cubre la cara de Ángeles González-Sinde, por permitir que sea más fácil descargar Pa Negre que encontrar un cine que la tenga en cartel?

En fin, me la bajé. Podría decir que tengo excusa: estoy en el extranjero. Pero no: también me descargo películas en España. Intentemos responder a la última pregunta:

-Mucho.

La Fiesta del Cine deriva de una generosidad falaz, y esta generosidad falaz deriva a su vez de una política progresivamente restrictiva. Intentaré explicarlo: en Marruecos, como muestra de su generosidad, Mohamed VI suaviza su control sobre el Estado, manteniéndolo bien prieto aún entre sus puños; en Arabia Saudí, una mujer es indultada de ser apedreada por (sic) conducir; en España, donde ir al cine es cada vez más caro, se decide, durante unos días, abaratar el precio de las entradas. Hablamos, en todos estos casos, de derechos y de libertades. Derecho a la dignidad, a la igualdad, al acceso a la cultura. De nuevo escribo: la Fiesta del Cine deriva de una generosidad falaz, y esta generosidad falaz deriva a su vez de una política progresivamente restrictiva. Al cinéfilo español le asalta la nostalgia, y comenta a su compañero mientras compra las entradas: “Mira, como cuando íbamos al instituto”. En fin.

Sigamos con la segunda pregunta. Uno de los temas maestros de la cultura española desde la década de 1940 es la guerra, bien sea desde la mística visión de los sagrados vencedores, bien desde la de los represaliados, exiliados o escondidos vencidos. Algunas voces de la derecha más casposa reclaman que se olvide este tema, que la Guerra Civil pasó, y con encaje de bolillos conectan el recuerdo de la guerra con un intento perverso de reventar la unidad española. Lo cínico de esta opinión es tirar la vajilla al suelo y pretender que ha sido el hermano pequeño.

Pero sigamos con nuestra respuesta:

-Muchas.

¿Demasiadas? No creo. Porque, como leí hace poco, la gran película de la Guerra Civil no se ha hecho aún. Y porque, sencillamente, la guerra es la guerra. La guerra es la tragedia humana elevada a su máximo terror: la unión de tragedias, la unión de vidas en una sola vida ahogada, en un puño que se parte las venas saltando entre cristales, puño cerrado. La guerra es la unión del miedo, la masa negra que todo lo inunda, y esa peste está hecha siempre de ideas, de miedos. La guerra es el paréntesis de la humanidad. En España, en concreto, la guerra es la pelea nunca resuelta. Los vencidos claman por la ilegitimidad del golpe de Estado que llevó a Franco al poder. Los vencedores justifican el alzamiento como la salvación de la patria. Franco muerto, se apaga el debate con la Transición, pero no se apagan ni vencedores ni vencidos. Y, en uno de los chorreos de la pringue social, llegamos a la cultura. A cuervos como Pío Moa, rabiosamente retrógados, o a productos como Las 13 rosas, donde a los franquistas les huele el aliento a azufre. Distintos extremos igualmente apestosos. La pena es que se puede -evitándose- hablar de la Guerra Civil sin mentir. Hubo un alzamiento, hubo hambre, represión. Por encima de todo ello, hubo una dictadura. Pero, como en toda guerra, y en los dos bandos -porque la guerra no es una estéril operación quirúrgica, sino que aquí el cirujano también tiene cicatrices- aparece la Tragedia Humana. Sí creo que se hacen demasiadas películas en España sobre la Guerra Civil, pero la razón es más de estilo que de necesidad: es necesario recordar, pero no así. Stendhal cita a Shakespeare en Rojo y negro: “¡Ay! La causa no somos nosotros sino nuestra fragilidad; pues somos según aquello de lo que estamos hechos.” Y todos estamos hechos de lo mismo. Por tanto, es absurdo -está visto- plantear en España una obra sobre la Guerra Civil que base parte de su estructura en la decisión por uno u otro bando. Creo que es tratar de tonta a la audiencia. La desgracia está ahí, la injusticia humana está ahí, más allá de la injusticia política, capaz de mutar con la extrema maleabilidad con que un político cambia de parecer de un día para otro.

Viendo Pa Negre, la sensación es agridulce. Como escribe Boyero en su crítica a La voz dormida:

“No es un problema de maniqueísmo (imagino que en la realidad esas monjas, curas, carceleras, policías y militares podían ser incluso más abyectos y crueles que los que aparecen aquí) sino de que el director logre hacerte creer e implicarte en lo que está narrando.”

Lo mejor de Pa Negre es que se nota que la mirada del niño cubre toda la película. Hay fantasía, mitos, miedos e incomprensión. Pero de nuevo, como en El laberinto del fauno, Sergi López hace de malo malísimo. Quizás ese papel le viene muy bien, o se lo tiene muy bien practicado, pero es la versión un tanto suavizada de la película de Guillermo del Toro. De todas formas, como película sobre la Guerra Civil es un avance bastante importante.

Por último, la primera pregunta. Respondámosla brevemente:

-Muchos.

Pero que las palabras de Artur Mas no nos confundan. Ni todos los españoles son catalanófobos ni viceversa. Cuando la política se mete donde no le incumbe, los niños miran desconcertados, porque la humanidad se vuelve algo menos humana.

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2 comentarios en “Pa Negre

  1. Dos cosillas que no entiendo. ¿Hay demasiadas películas sobre la Guerra Civil o no (dices las dos cosas)? ¿Hay catalanófobos que no son españoles? ¿Argentinos, porque Messi sea del Barça?
    😛

    1. Hay demasiadas películas de la Guerra Civil tremendamente politizadas en exceso. Pero no se han hecho demasiadas películas sobre la Guerra Civil honestas y veraces. De hecho, estas últimas nunca serán demasiadas.
      En cuanto a lo segundo, hay varias posibilidades: españoles catalanófobos, catalanes nacionalistas, catalanes catalanófobos y españoles hispanófobos. Y ahora, si me permites, voy a desanudarme la lengua.

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