Esto es lo que dijo mi madre

Estar unos días sin escribir podría -y debería- haberme hecho pensar muchísimas cosas interesantes que contarte. Dormir poco y pensar demasiado produce demonios y fantasmas. Y los demonios y fantasmas son magníficos para la literatura. Mi demonio bonito.

Lo que pasa es que he dormido muy poco y he pensado muy poco. El único ejercicio mental que he hecho se ha volcado en terminar varios de los trabajos mastodónticos que tengo que entregar estas semanas. Y uno, así, se olvida de su blog y se olvida del tiempo y se olvida de vivir -bueno, mentira gorda, que ayer fui al cine-.

De Balada triste de trompeta diré que no comprendo al que ha propuesto a Carolina Bang como actriz revelación.

Hecho el daño, más tranquilo me ocupo del desenlace de “Lo que dijo mi madre”. Me permito usar esa palabra -desenlace- para darle suspense a algo que tampoco es que lo tenga, porque decir cosas se dicen todos los días. Salvar al mundo de una salvaje explosión nuclear ya no lo es tanto, pero mi madre y el uranio enriquecido no han cruzado sus pasos.

Aún.

Dije -qué daño me ha hecho internet: tengo tanta prisa por escribir esta entrada que no quiero ni leerme de nuevo el final para continuarlo aquí de la forma más ajustada posible al tono y a la estructura-; dije que mi madre se sentó a la mesa y dijo:

-Antonio Orozco y Malú, ¡vaya dos alegres!

Y lo dijo como un ataque contra la amargura y contra los que se fustigan cuando la vida les jode. La vida jode. La vida mancha -peliculón-. La vida ya es demasiado complicada como para amarla cuando nos hace daño. Se crece con los problemas, pero estas cosas tienen sus ritmos, y de la misma forma que la piel se va arrugando sin pellizcarla, el ánimo se encoge y se estira cuando una piedra vuela y se cruza con nuestra cara. Antonio Orozco y Malú -o los que les componen las canciones- están dominados por la pena, y el zumo negro de lo horrible les moja los días.

(Quizás lo que ocurre es que existe una industria tremenda que gravita sobre la autocompasión, pero eso despojaría a mi entrada de cualquier matiz literario.)

Que se ensombrezca la vida no implica que no busquemos las rendijas de sol. Y cuando hace mucho sol, pues se resguarda uno del calor. Cantémosle al amor perdido, a los demonios, a los fantasmas, si con ello aprendemos a resistirnos a su señuelo, a esa penita pena que huele a cubo de basura y nos deja los huesos blandos.

Lo que mi madre dijo fue que el dolor cansa. El dolor nos maltrata y nos quedamos con él, cuando deberíamos atarle una piedra al cuello -el dolor muchas veces tiene cuello y voz y manos; tiene piel y tiene palabras duras- y tirarlo por un puente.

Y ver ese cachito de memoria podrida hundirse en el agua tiene muchísimo perdón.

PD: ahora, seguiré trabajando.

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4 comentarios en “Esto es lo que dijo mi madre

  1. ¿Antonio Orozco y Malú están dominados por la pena? ¿Entonces, Nacho Vegas por qué está dominado?

    Si vas a escucharlo antes dile a alguien que esconda todos los cuchillos de tu casa.

    Feliz estudio

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