Improvisación sobre palabras de Alberti

Cuando me fui del pueblo, de aquella bahía, me dejó una nostalgia inmensa -ya conté que me quería marchar siempre-. Cuando empecé a escribir, tomó forma toda esa melancolía, toda esa nostalgia, toda esa luminosidad -las cales, los azules, las arenas…-: con todo eso, y el deseo siempre de volver… Pues me consideré un marinero perdido dentro de la tierra, y me salió este libro.

Rafael Alberti habla sobre Marinero en tierra (1924-25)

¿Qué es el tiempo para quien escribe poesía…

El tiempo es la herida más dolorosa. Y de las heridas más dolorosas, dicen, cae un arroyuelo manso y limpio, pasados los años. Tiempo al tiempo, dice el dicho. El tiempo necesita tiempo. No hablo de sufrir por sufrir: esta actitud es la seña de identidad de los imbéciles -pero a ser imbécil no se aprende: es simplemente que el imbécil, por definición, no tiene a nadie que le agarre cuando se inclina demasiado sobre un abismo o cuando se pincha las llagas. El imbécil, en fin, no es más que un caballo loco que se ha soltado de sus correajes-. No me refiero, pues, a esta manera de afrontar -aunque sea con el culo al aire- la vida. La vida -uno, supongo, lo aprende- en ciertas ocasiones se ve venir: entonces flexionamos ligeramente las rodillas, nos ponemos los guantes y nos colocamos bajo la portería. Y algunos, además, rezan un poquito. Quizás la vida también enseña a huir de las digresiones, de los guiones y de los paréntesis -quién sabe-.

El tiempo, sí, es maleable: hay muchos tiempos dentro de un mismo tiempo. E incluso un único tiempo es para dos personas algo tan distinto que se hace insoportablemente difícil no ver la diferencia. Jujo abre la puerta de su casa. Viene animado. Le cuenta a Maro, su mujer, que le han ascendido. Un abrazo, algunos besos. Y las bocas bajan y sube el frenesí. La ropa se arriesga en un salto mortal: la camisa descuellada junto a la mesa, encima del florero el pantalón. El sujetador en el pomo de la puerta. Luego, el merpasmo -todos los polvos de Cortázar acababan con merpasmos-. Todo este tiempo, Fer ha estado sudando dentro del armario de la habitación de Maro y Jujo, en calzoncillos, con el calentón todavía encima y con la turbia esperanza de no tener que darle ninguna explicación a nadie.

Alberti, ya viejo, habla de aquellas calles, de aquellas calas, de aquellos días. De aquel tiempo. E idas las calles, las calas, los días de su juventud, ido el gorgoteo rabioso de la sangre joven; ido todo aquello, permanece y subsiste. Pues hay unas leves cadenillas, olorosas y ufanas, que sujetan estas imágenes como sujeta una piedad a su hijo, con una lágrima que no quiere caer, y que moja la memoria, quién sabe si de alegría o de pena: yo digo que esta lágrima es la mezcla perfecta de las dos, y que se llama nostalgia. En toda nostalgia hay dicha y hay tristeza: dicha por el pasado luminoso, pena por el presente umbrío. Y quién sabe si el tiempo que vivimos está maldito, y necesita de tiempo para florecer -quién sabe-: de cales, de azules, de arenas.

…sino la brisa que aquieta su alma herida?

Anuncios

5 comentarios en “Improvisación sobre palabras de Alberti

  1. Preciosa entrada, Catanoga. No me he leído la obra, pero la añado a mi lista.
    Sí, es cierto que el tiempo es el que nos causa mayor daño. Y cada cual lo sufre o experimenta a su manera. En mi caso, la vida me ha enseñado su lado más oscuro, más abisal, así que, supongo que por ello, la nostalgia que siento es la del momento presente: Sé que el ahora se me escapa al instante siguiente, y me duele profundamente.
    ¿Extraña nostalgia la mía, verdad, la del ahora?

  2. Que la vida te haya enseñado su lado más oscuro es razón de más para valorar el presente. Muchas veces el pasado aún nos ata, y con él se lleva nuestro presente. Quizás ese es el problema, esa es la raíz de tu nostalgia.
    Me alegro de que te guste la entrada 😀

  3. Bueno, supongo que no me expliqué bien. Precisamente el pasado no es lo que me quita el sueño, sino el presente del que soy consciente de que se desvanece a cada instante y que no volverá tal y como lo vivo en el momento, porque es único e irrepetible. Sin embargo, una vez ha pasado ese instante, ya está muerto y ya no me acuerdo de él porque ya está el siguiente instante que me tiene ocupada y del que disfruto. Sin embargo, subyace ese sentimiento de preocupación, de dolor, de melancolía, o como se le quiera llamar, de que acto seguido también este momento se va a marchar…
    En este sentido, es la brevedad del presente, lo efímero del presente lo que hace que sienta una nostalgia tal vez prematura de lo que va a dejar de ser. ¿Rebuscado, retorcido? Insólito.

    PD: Bueno, en realidad me gustan todas las entradas, unas más que otras, pero todas. 🙂

  4. Ya te entiendo.
    Es una manera de pensar de la que intento huir. La certeza de que el tiempo pasa es evidente: sufrir por cosas así nos jode bastante. Si al menos pudiéramos cambiarlo… Hay que evitar las puertas sin cerradura. No sé si me explico.
    Qué rebuscados somos todos, de verdad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s