Otro que cae

-Deberás disponer al cuerpo para que sepa darse cuando tú lo necesites, sin ningún rastro de miedo -espeta Martín, subiéndose de nuevo las gafas cuadradas. Enseña los dientes mientras habla, cada pieza entera, sin dejar ver la encía. Una sonrisa perfecta, de actor o de vendedor a domicilio-. Todos los días. Porque, ojo, te estoy diciendo que todos los días vas a tener que ponerte enfrente de la pantalla y escribir algo. Una historia que parezca creíble y te salga de ahí.

-¿Del corazón?

-¡Qué coño! De los intestinos, de tu mierda, de tu derrota. Quiero que te rindas ante la página en blanco. Que te hundas -Martín bebe de la taza con fruición. Un reguero espeso y rosado le moja la barba.

Tete se rasca el cuello, una mueca de inseguridad le atardece el rostro:

-Bueno, qué necesidad tengo de atacarme. Para qué voy a tener que…

-El lector no quiere a alguien feliz. Quien lee lo hace porque quiere entender ese vacío que lo atormenta, y quiere que alguien le diga: “Esto le pasa a este tío: mira cómo se las arregla. Esta es la solución que propone” -desde que no puede fumar en el bar está más nervioso-. Un segundo -se inclina hacia atrás, mira al fondo del local, la corbata cayéndole sobre un costado, la mano derecha aferrada al filo de la mesa de madera. ¡Perdona! ¡Otro!

-No estoy dispuesto. ¿Para qué voy yo a pasar por todo eso? ¿Qué gano con todo esto?

Martín se rasca la barba. La piel le pica con violencia. El camarero se lleva la taza de la mesa.

-Verás, Tete -lo dice con el ceño fruncido, con una sonrisa torcida, una mirada que parece huir del bar, de sí mismo y de su memoria, los ojos de alguien que ha sido expulsado de su tierra-: puedes romper el contrato cuando quieras. ¿No quieres que te lean? Está bien. Conozco a muchos que acabaron destrozados por dentro por algo de fama. Muchísimos desdichados que no consiguieron nada aun proponiéndoselo, aun estimulados por un vigor en apariencia inagotable. Pero entre tanto polvo barrido por el tiempo hay alguien que subsiste, que queda enterrado bajo tierra hasta que alguien que busca una solución entre las ruinas, ya sin esperanza, lo descubre, y entonces el mundo vuelve a iluminarse. No escribes para ti, escribes para lo que aún no es. Piénsalo.

-No puedo, me aterra… -un relámpago estalla en el rostro de Tete-: sí quiero.

Sí -a Tete se le difuminó la silueta- quie -la piel se le empezó a derretir- ro -todo lo que quedó de él fue un charco espeso y rosado-.

Un joven entró en el bar.

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2 comentarios en “Otro que cae

  1. Pues me gusta mucho, que lo sepas. Y ojalá sea verdad que el lector quiere mierda y derrota, porque si es así yo tengo montones que darle.

    Enhorabuena 🙂

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