Largo y corto

Igual que un mal panadero tiene que cocer cientos de piezas para que salga una buena; igual que el mal cantante acierta la nota tras una matanza de armonías -y entonces es la suerte quien atina, y no su voz-; igual que un político, tras muchos discursos inútiles… Pero dejémoslo: creo que ya son demasiados los ejemplos. Del mismo modo, el mal escritor escupe discursos larguísimos para que la fortuna deje que alguna que otra palabra aprovechable se cuele entre su mediocridad. Así, el buen escritor sabe aportar la palabra precisa. Sus dedos son una preciosa máquina de precisión, y a buen seguro que quien ha conseguido afinar así su engranaje no ha vuelto a dejarse la piel de los codos en la mesa.

En mi caso, la longitud ha sido la máscara que ha vestido mi ignorancia y mi falta de talento y estilo. Cuanto mayores han sido mis entradas, más seguro estaba de que algo fallaba, de que algo faltaba. ¡Qué solo se encuentra uno y cómo se ahoga en una bulla! Las buenas palabras también se ahogan entre tanta basura. Se escribe como se busca oro en el agua. Por cada tonelada de tierra uno logra dos, tres pepitas. Y desfallecería si estas pepitas -literarias, me refiero- no fueran tan bellas ni estuvieran tan bien hechas, si no funcionaran tan bien al chocarse con la boca. Al decirlas, uno sabe que el arte habla con su voz. Siguiendo con el símil, el escritor que nunca ha escrito empieza con una eyaculación atroz -a saber todo lo que llevaba guardado desde hacía doce años-; y entre tanta basura, tal vez no la primera vez, pero sí la octava, puede haber algo de provecho. (¡No tanto como basura!) (¡Tampoco tanto como oro!).

Es por eso que uno escribe tanto: porque no sabe escribir. Lo dijo alguien en El País Semanal, pero el arte es de todos y la inspiración no tiene derechos de autor, así que, con gusto, compartiré desde aquí esta conclusión con quien la hubiera inferido a partir de su propia experiencia. El hermanamiento de los escritores traerá nuevos mundos a la tierra. Mundos pequeños, munditos perfectos que no necesitarán nada más para alcanzar su cima.

Los textos pequeños son la llave a mundos perfectos, esa es la conclusión. Es por eso que nuestra Constitución no es tomada en serio por quienes la redactaron: dentro de muchos años, con los avances que está viviendo nuestra economía y nuestra política, la tierra volverá a ser regida con pequeños textos, como mucho tiempo atrás. Entonces callará el último escritor, y las pepitas se perderán en el mar.

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2 comentarios en “Largo y corto

  1. Cómo sabe usted lo que cuesta plasmar con la máxima precisión posible lo que uno anhela transmitir o expresar en un folio, aunque estoy convencido que si sigues escribiendo así tanto trabajo dará sus frutos…

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