Lo que cuesta

De todos los bandos que se han enfrentado, de todas las sangres derramadas por el mundo, de todas las guerras no ha habido ni habrá una más desigualada que la del escritor con el blanco de la página -y nada digo de la página en blanco-. En esta clase de lucha la balanza está ya tan desequilibrada que parece más fácil darse la vuelta y rendir las armas. Diremos: “No tengo nada que decir, vendré con algo preparado”, y ya volveremos cuando algún viento nos traiga pensamientos de provecho. Y, de la misma forma, en el otro extremo, cuando el talento se desborda, cuando de nuestro cuerpo mana un discurso como corre el agua del Aare -si acaso algo más despacio- no puede caer sino en el suelo o en los sueños, donde todo se trocea y termina por desaparecer.

Ya me veis, intentado extraer palabras de la más yerma de las tierras, llena de polvo y piedras. Si acaso hubiera una fórmula para redactar sin parones, sin baches, sin frenazos. ¿Pero entonces qué gusto habría en escribir? ¡Ninguno! Pues todos sabemos que lo que se nos da en la mano lo rechaza el corazón, y de la misma forma aquello que se nos resiste se nos incrusta con dureza en el pecho. Quizás por eso escribo. Por esa lucha, la más desigual de todas. Porque de este esfuerzo sale un texto. Y estas palabras, mediocres o no, han vencido al silencio. Confío en que tras tantos empeños sin premio vaya naciendo en mí un pulso propio, una manera sólo mía de ver el mundo. De esta lucha se alimenta mi muerte: ganaré cuando no tenga más que ganar. Escribir es la más interesante de las batallas.

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7 comentarios en “Lo que cuesta

  1. Siempre ha sido así: valoramos más lo que cuesta, lo que nos supone un esfuerzo mental o físico.
    Afortunado eres de saber expresar con pasmosa belleza tus pensamientos.
    En mi caso, no logro plasmar en el papel mis “pensamientos de provecho”. Esa es mi triste lucha; hermosa pero infructuosa.

  2. Este es mi comentario de 500 palabras, al que he sido retada diabólicamente por un compañero de clase malvado y sádico que, por otro lado, parece subestimar la elocuencia de una servidora. Estimado señor Castaño, que yo defienda la postura de que es mejor expresar lo que se quiera expresar de forma breve y concisa no significa que no pueda enrollarme como las persianas cuando es necesario. Me dispongo a ejecutar dicha misión plasmando en este comentario una serie de ideas que trataré de extraer de este texto tuyo de menos de 300 palabras -¿estás madurando, Rafa?
    Sobre tu metáfora batallística acerca de la lucha encarnizada entre el escritor y el folio en blanco, empezaré diciendo que es escritor quien escribe, y que si el sujeto en cuestión no se encuentra inmerso en un proceso de producción literaria no puede ser considerado escritor, al menos no hasta que empiece a escupir palabras. De lo contrario, ¿es escritor aquel al que, de vez en cuando, le da por escribir? ¿Somos todos escritores? Puede que sí, es una forma de verlo. Pero no estamos hablando de eso ni me voy a meter en un debate más complicado de la cuenta, aunque no me vendría del todo mal ya que sólo llevo 209 palabritas de nada. ¿Tú crees en las musas? Si hay musas, entonces, ¿qué es el talento? ¿Quién tiene el talento, la musa que inspira o la persona que es inspirada por la musa? Sinceramente, no me parece que tengas tú mucho problema en sacar palabras de un pedacito de nada. Yo, a lo mejor. Pero tú con tu media de 3.000 palabras por entrada, desde luego que no. Si de un día sin ganas de escribir ni motivos sacas 577 palabras, ya me dirás. En cualquier caso, te digo una cosa: de verdad, si no te apetece escribir, no lo hagas. Que el silencio también es bonito, ya lo dice el dicho ése (y no estoy diciendo que no pueda una entrada tuya ser más bonita que el silencio, Zeus me libre). Pero a lo mejor si te pasas dos semanas sin mostrarnos nada nuevo, nos da por revivir tus viejos textos. Y tal vez incluso en esta ocasión nos demos un rodeo por esa entrada de 178.000 palabras que en su momento vimos y descartamos sin remordimientos –ya te lo dije en su día, un texto excesivamente largo no invita a leer, os pongáis Gonzalo y tú como os pongáis. En cualquier caso, tú ya tienes un pulso propio, aunque sea inconstante. Y una forma de ver el mundo, aunque se tambalee (¿qué pasa con lo que se tambalea?, lo estático me parece aburridísimo). Y con toda esta parrafada obligada no quiero decir que no me guste lo que has escrito hoy, que sí me gusta. ¿Has sido tú o han sido las famosas musas? Si te sobra alguna, dame su número.
    Espero que haya quedado claro que sé escribir comentarios de 500 palabras, aunque inevitablemente meter tanta paja conlleve soltar alguna que otra gilipollez que ya me saldrá cara, ya, cuando se me haya olvidado lo que he dicho y me contradiga. Por eso me gusta escribir breve, porque cuanto más cortito sea el texto, menos tonterías me da tiempo a decir. ¡546, yuhu!

      1. En parte estoy de acuerdo contigo. Y es que el talento es tan relativo…
        Yo me fijo en el talento desde el escritor, es decir, para mí tiene talento quien tiene algo despierto en su interior.
        Un saludo, Cristina.

    1. Qué manera de desfasarme con los retos ¬¬
      Realmente temo que los pocos que me leen dejen de hacerlo si le atacan a mis primeras entradas. Son… pseudoescritura semiautomática. Y mucho más enrevesadas que tu comentario, que bastante es.
      Primero: veo que sabes enrollarte cuando quieres.
      Segundo: las entradas cortas pueden tener más lecturas -interpretaciones- que las entradas largas. Mi problema es la incontinencia. Lo he hablado con Concha Velasco y todo, pero no hay solución: siempre tengo la sensación de dejarme cosas en el tintero. Pero es que además… Lo escribiré en una entrada para que se me entienda mejor.
      Tercero: creo que es escritor quien alguna vez decidió que algo que le pasaba o que pensaba debía escribirlo. A saber la de escritores anónimos que hay por ahí.
      Cuarto: me he propuesto, a bote pronto, hacer de Vargas Llosa y escribir un poquito cada día. Igual me contradigo a la semana y me digo basta: es, de todas formas, un ejercicio para desbastar los textos futuros. Para que, dicho de otra forma, no tengan mucho que ver con mis primeras entradas.
      En este círculo vicioso de entradas antiguas te dejo: tienes bastante para leer, pero no te lo aconsejo.
      PD: igual que tu consejo sobre el silencio no será tenido en cuenta de momento, tú puedes tirar al váter mi consejo de no leerme.
      PD2: ando cortito de musas. Como mucho esas platónicas que no tienen piel ni besos que me esperen. Aburridas como ellas solas.

  3. Buenos días, Catonga:
    Sé que prácticamente acabo de estrenarme como lectora de tu blog –por cierto, enhorabuena; es estupendo–, así que permíteme que te diga a grandes rasgos que soy una persona de debate y que todo cuanto pongo en tela de juicio no tiene propósito alguno de herir los sentimientos de nadie. Me apasiona debatir para que, entre todos, llegamos al fondo de las cuestiones. Por lo tanto, no malinterpretes mis “pegas”, como la que voy a ponerte a continuación:
    Lamento discrepar contigo en cuanto a tu concepto de talento desde el punto de vista del escritor. Creo que en el sentido del que hablas haces referencia al impulso vital interior, a esa necesidad imperiosa de sacar eso “despierto” o “vivo” que llevamos dentro. Porque de llevar algo “despierto en nuestro interior”, creo que todos lo llevamos. Lo que pasa es que algunas personas son capaces de canalizarlo, y otras no pueden pasar sin “expulsarlo”, sea o no de forma creativa. No me negarás que el talento va más allá: incluye el hecho de SABER transmitir esa viveza, de LOGRAR llegar al interior de los demás y DESPERTAR en ellos una nueva vivencia o un sentimiento ajeno del que antes eran desconocedores.
    En definitiva, una ardua tarea. Y para ello hay que poseer una determinada destreza y ciertas habilidades cognitivas. Y con esto no quiero decir que esta capacidad deba ser innata. Dicho grosso modo: el escritor no nace, sino se hace. En definitiva, habrá un montón de gente que se dedique a escribir en sus casas, para canalizar, como ya he mencionado, lo que les conmueve y mueve en su interior, pero de aquí a ganarse el título de “escritor” hay un gran trecho. ¿No crees?
    Saludos

  4. Sí es verdad que algunas veces mis pensamientos pecan de elitistas, un fallo que tengo que limar. Porque yo me refería a la chispa que le hace sentir a uno cosas que se podrían definir como lejanas; pero sí, nunca deberían ser superiores por ser poco comunes.
    Respecto a tu interpretación, por supuesto que es necesario tener todas esas cualidades. Aunque hago una matización: la figura del escritor -hablo del que se ha ganado el título de escritor- es algo cultural. Y desgraciadamente la manera de pensar que nos rodea puede hacer que valoremos a escritores mediocres y que rechacemos antes de leerlos a otros que sí tienen talento. He leído muy poco de los autores contemporáneos, por lo que no sé decirte si Alberto Olmos es mejor que Wole Soyinka, o si Elvira Navarro es mejor que Eduardo Mendoza. ¿Quién habla ahora del afterpop o de la generación Nocilla? Creo que también hay que estudiar la figura del escritor dentro de un contexto, que es donde se escriben y se leen sus obras.
    Un saludo!

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