Cuestión de cristal

A vivir se aprende viviendo
Miguel de Unamuno

La vida es a la vez tragedia y comedia. A la vez, lo mismo y lo otro. He estado bloqueado porque estoy adaptándome a esta nueva forma de ver la niebla. Ya no me sale escribir como si me corriera fango por la sangre. Un buen avance -o quizás no un avance, pero sí un giro sobre el mismo eje, yo mismo de otra forma, y por tanto otro yo-. Sí, todavía tengo la habilidad inútil de flagelarme y de reventarme las cicatrices; es verdad, la melancolía se me presenta cada vez más como algo innato, que ser persona y pensar tiene consecuencias funestas. Esto es, amargarse.

Y al igual que la miopía me obliga a llevar gafas y lentillas, a no ver la realidad con mis propios ojos -literalmente-, tal vez de la misma forma mi mente y mi alma sean también miopes, y tengan la necesidad de enfrentarse a lo que viene con un cristal de por medio. Porque necesitarlo, lo que es una necesidad visceral y natural, no lo necesitan.

Yo siento cómo muchas veces un calor se me expande justo en el límite entre el músculo y la piel, relampagueando por entre mis pies y mis orejas, en la nuca, erizando el vello con una mezcla de impotencia y rabia, una sensación apagada bajo la que se adivina una fuerza mayor empujando, intentando salir desde su oscuro origen.

Porque no necesitando verdaderamente un cristal, es como si me viera forzado a utilizarlo, como si, unidos, soldados, el sentir y el juzgar, el mirar y el categorizar, el vivir y el pensar, fueran uno solo. Como si el presente no pudiera sostenerse para mí sin compararlo con el pasado, sin extenderlo en un futuro de creación propia. El cristal, el juzgar, el pensar, de hecho, es lo que configura la vida. Un mismo hecho se transforma dentro de sí mismo por la acción mágica del cristal con que miramos: bien asoman de entre un recuerdo las cosas que nos dolieron, bien pueden surgir las que nos hicieron felices -que ser por siempre feliz es una tarea que quizá sólo puedan hacer los muertos, y lo que nos quede a los vivos sea un aburrimiento vital que llenar con la cotidianidad (le copio la idea a Unamuno); esto es, parches de felicidad plena, momentos tan sólo, de una plenitud sucia-. Pondré un ejemplo breve para que se me entienda mejor.

Hoy he visto Salvar al soldado Ryan. Si me pongo las gafas de esteta, es un retrato maniqueo y patriota. Si me pongo otras gafas, lo veré como una película entretenidísima y emocionante. Pues bien, ni lo uno ni lo otro. Los dos y ninguno.

Creo que sé cuál es el problema de los que tenemos la manía de pensarlo todo: que nos hacemos muchísimas preguntas, pero todas son retóricas. Nutrimos nuestras dudas y nuestra angustia y nuestra curiosidad con preguntas que no exigen respuestas. Eso no es sano. No es sano preguntarse qué es la vida, por qué tenemos fijación por lo que nos daña, por qué nos atraen los imposibles o por qué no sabemos fluir por el mundo, sin ir a trompicones.

Pero que no se me entienda mal: no digo que la curiosidad no sea buena. La curiosidad hace que avancemos, que podamos tener más recursos para enfrentarnos a las hostias que nos podamos llevar. La curiosidad es un gran arma de futuro. Pero la curiosidad en exceso nos lleva a crearnos problemas. Buscando algo conseguimos lo contrario. Vamos derramando petróleo mientras buscamos la orilla, y para cuando llegamos la arena está llena de mierda, de nuestra mierda.

La mayor parte de los problemas vienen por ese cristal maldito. Por la propia mierda que vamos derramando.

Me pregunto si existe un cristal que lo mezcle todo, que tenga todas las vistas posibles, y que, no siendo ya ningún obstáculo para nosotros, nos deje vivir sin estropear la belleza de lo simple, sin obligarnos a categorizarlo todo, a hacer que todo cumpla con una expectativa concreta. Y justo entonces dejo de preguntármelo.

A vivir se aprende viviendo, dice Unamuno. La madre que lo parió: qué fácil es decirlo. De hecho, todo lo que digo me resulta fácil de escribir: luego me dedico a quebrantar sin vergüenza alguna todas las leyes que aquí tildo de universales. Me río del universo, de la lógica y del azar, de la tragedia y de la comedia. Etiquetas, son etiquetas, pero están pegadas  y tengo la manía de morderme las uñas, así que a ver con qué rasco. Mejor me las dejo puestas y tengo así razones para quejarme, que parece ser algo universal e innato, y lo universal y lo innato tienen ese halo misterioso que sólo poseen las gilipolleces que nosotros, los que piensan demasiado, convertimos en montañas enormes de mierda. Pero con un aura dorada, para que parezcan dioses, o nuestros primeros padres, o cualquier imagen que nos atraiga al infierno que es pensar en exceso.

Las montañas y los granos de arena resultan ser, pues, lo mismo. La tragedia y la comedia también. El principio y el fin de esta entrada, también iguales. El premio del optimista es una hostia por imbécil. El pesimista se lleva dos. Por imbécil y por pesimista. Mejor me quedo con Woody Allen, que esconde la tragedia tras la comedia. Allen hace con las películas como los que tienen perro: si estos esconden la medicina entre la comida para que el animalito se la coma, aquél nos hace reír mientras nos pega una patada en los cojones.

Cada vez me gusta más el veneno, porque es algo que rompe con lo que he visto antes. Pero cuidado: el veneno en exceso puede matar. Y aunque sólo muerto hay una felicidad sin pausa, esa felicidad no existe. No existe la felicidad, de hecho. Ni la vida, ni el destino, ni el demonio, ni la muerte, ni el amor, ni la desgracia, ni la suerte. Todo eso existe cuando lo pensamos, y como somos así de caprichosos son cosas que van y vienen, que se deslizan y se atrancan. Quizás ni siquiera existimos nosotros, pues tal vez seamos el sueño de otro hombre -cosa que no me creo, pero queda como muy borgiano y lo que suena a Borges da prestigio-.

Así que no hace falta ponerse melancólico para escribir, ni hace falta pensar para vivir. Pero lo hacemos. Para amar no hacen falta libros de texto. Odio la escritura y las causas perdidas.
Por eso las busco tanto.

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4 comentarios en “Cuestión de cristal

  1. Respuesta a su penúltima frase:

    “Ninguna causa está perdida mientras haya algún insensato dispuesto a luchar por ella.” (Will, Piratas del Caribe 3: En el fin del mundo)

    PD: Xunta de Señores de Causas Perdidas…

  2. Es posible…que desear algo sea mejor que tenerlo realmente,la satisfacción no es más que la muerte del deseo.Quizás por eso, el veneno es tan anhelado.
    Ya lo cantó Pau Donés y es que todo depende de según como se mire.
    En las últimas entradas estás dejando ver quien eres realmente y eso es extraordinario,pues tú lo eres.

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