Palabras para quién

No sé mucho de tu vida. No sé mucho de la mía. De nada, de todo, de cualquier cosa. No sé por qué la piedra se me vuelve barro, por qué la cara es a veces calavera, por qué los ojos no saben mirar muchas veces, ni la cabeza pensar, ni el cuerpo inclinarse sin inquina. No sé por qué se nos fueron las palabras de invierno, con lenguas como esclavos. Ni para qué están las calles, por qué hablan los maestros, de qué sirve el tiempo. No sé llevar el ritmo urbano, ni sé callar cuando debo -quizás todos debamos hacerlo, a veces-. No sé qué es ser culto, ni para qué sirve -si no es cobijo del que sólo muere, del que muere solo-. No sé saber, no sé salir, no sé calmar porque no me sé, porque no te sé. No sé si es lo mismo decir “no sé nada” y “lo sé todo”. No sé cocinar ni conducir, no sé de música, he leído pocos libros -de los muchos que conozco, autor, título y poco más-. No sé para qué se muere la gente, ni qué busco cuando le busco sentido a la vida. No sé cuál es el momento adecuado, ni sé si existe ese momento, o si somos solo errores que van vagando ciegos. No sé cómo se siente uno cuando mantiene un amigo desde pequeño, o cuando piensa en los demás porque ha dejado de pensarse -para sentirse-; no sé si es necesario querer saber, si merece la pena quedarse, apostarse la vida y no ver sino derrota en las esquinas. No sé si soy el único al que no le dieron libro de instrucciones, ni si existe realmente ese libro, ni si lo escribió un sabio y las palabras se cambiaron solas de sitio.

Es duro, pero no me importa. Duele, pero resisto. Podremos ser ciegos, podremos ser fantasmas de lo que quisimos, podremos sentirnos solos, sentirnos raros… ni siquiera sentirnos. Podremos comparar lo malo que tenemos con lo bueno que tuvimos, podremos querer mirar atrás siempre, podremos acostarnos en el olvido, que vaya quemándolo todo, poquito a poquito… Podremos reventarnos los deseos, quemarnos la frente, comernos el coco, marear pensamientos, veneno, sólo veneno al que somos inmunes si así lo queremos. Podremos pensar que no podremos.

Sé una cosa: no hay que huir. De nada. Ni siquiera si digo que quiero huir es verdad que quiera irme, que quiera abandonar, que quiera tirar por otro camino, que quiera pensar que no debo. Porque no huimos nunca aunque huyamos. El yo es un muro incierto, si queremos. Si queremos, el fuego no ahoga, el agua no quema. Si queremos, la vida sigue. Si queremos.

Si queremos pueden volver las palabras de invierno. Si queremos no importarán ni las calles, ni los maestros ni el tiempo. No valdrá en nuestro mundo ser culto, porque ser culto no es serlo. Si queremos, la muerte no saldrá de noche a vernos. Si queremos, no pasará nada si no hemos tenido tiempo, si no hicimos lo correcto. Porque vale intentarlo, siempre intentarlo, al menos. No me hagas caso si huyo, agárrame si quieres por el cuello. No importará que no sepamos cómo usarnos, cómo mostrarnos ni movernos. No importará que nos cale la lluvia que no viene del cielo. No importará, pues seremos eternos. Si queremos. Porque podemos.

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Un comentario en “Palabras para quién

  1. Leo impávido su excelente prosa con temática sublime y vuelvo a irme a la superficialidad aparente que me caracteriza para citar a Nuria Fergó y decir:

    “Las palabritas se las lleva el viento..”

    QUE TENGA BUENA HOLY WEEK!

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