Kubrickonetti

Luchamos cada día, uno detrás de otro. Y luego qué. Pues luego seguimos luchando. No queda otra. Las guerras sólo se ganan al morir. O se pierden… a lo lejos.

No hay tanta mentira como en un autobús. O en una fiesta. O en una clase, o en un programa de televisión. Hay mentira por todos lados. Y luchamos para no mojarnos con el fango de esa mentira. Es una mentira ubicua, que se derrama por todos lados, que encenaga los huesos desde dentro, con un pulsar mágico que abruma sin saber de dónde viene ni cómo quitárselo de dentro. La angustia está hecha de olas de brea, de mercurio que se escurre. La angustia es no saber de dónde ni cómo ni cuándo… ni por qué. Por qué un día te levantas del carajo y regresas al sueño viendo/viviendo mierda. Por qué pasas de amar la rutina a abominar la repetición. A repudiarla porque no queda otra que repetir. No quedan otras.

La mentira vive en tu sombra. A ver qué cara le pones. Qué cara pones cuando tu abuelo te da cincuenta euros, “no hacía falta”, “toma”, en verdad quieres cogerlos. Los agarras, te los guardas doblados en el bolsillo, sonríes, “gracias”, “hala majo”. Tu abuelo vuelve al sofá, abre un libro, ve la tele, siempre con una turbia oscuridad hibernando en el salón.

La mentira vive en tu día. A ver qué cara le pones. Qué cara pones para ocultarte, para no hacer ver qué piensas. Luego preguntan, “qué te ocurre”, “nada”, y es verdad. No ocurre nada porque no sabes qué carajo te ocurre. Y entonces la culpa es como una raya de luz negra, una cucharada de pelusas.

La mentira vive en tu porvenir. Te imaginas el primer anochecer, la primera vez que sientas que te han jalado la carne con hilos de papel y metal. Esa vez en que nunca más podrás dejar atrás el teléfono, la calle, la gente, en que nunca más podrás estar solo para ti. Durante el primer anochecer el soñador caerá como un yunque olvidado en tu cama. Tú mismo te asustarás de verte, más entonces que hoy, pues la angustia que ahora tienes es sólo la huella de la certeza futura. Tan cruda, carajo.

Yo soy la mentira. Soy la fuente de donde nacen el ángulo muerto de mis ojos, el rayo de mi propio tejado. Llamen a economistas, empresarios, políticos, administrativos, oficinistas. Traumberuf. Les sonará a alemán y a chino. Hay que quemar las escuelas, hay que enseñar a vivir, no a ser eficiente… a vivir, carajo. Uno sabe que es medroso porque no sabe estar con otros, por los celos, por la falta de apetito. Pasa el día y se va descascarillando la paciencia, poquito a poco, y las manos, que parecen traductores del alma, se van enamorando de la frente y del rostro, y van sajando piel con piel, la grasa y el sudor, el aceite de la abulia.

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Un comentario en “Kubrickonetti

  1. Me obliga a comentar. Maldito blog..

    Ademas le recuerdo que:
    Ahí estaba yo. Es decir, Alex y mis tres drugos. O sea Pete, Georgi y Dim. Estábamos sentados en el Milk Bar Korova, exprimiéndonos las rasureras para encontrar algo con que ocupar la noche. En el Korova Milk Bar servían lacta plus. Leche con velloceta o con dencromina… que es lo que estábamos tomando. Eso nos aguzaba los sentidos y nos dejaba listos para una nueva sesión de ultra-violencia.

    (CRESTAS EN LOS BRAZOS)

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