Al borde de nada y todo

I Talk To The Wind

Qué difícil es vivir.
Es paradójico lo que nos cuesta hacer algo que llevamos haciendo desde que nacimos. Tal vez lo que nos frena la sonrisa no es poder decir: “vivo”. Es decir: “vivo con sentido”. ¿Y qué sentido le debo dar, le debemos dar, a la vida? ¿Tiene sentido? ¿Se esconde el grano fundamental de la existencia en la imbricada relación entre economía y sociedad? ¿Está hecha la materia cósmica que nutre nuestros sueños y vigilias de simples obviedades? O dicho de otra forma: ¿me tengo que dejar de tanta gilipollez sin salida? ¿Es pertinente buscarle tres pies al gato cuando tal vez ni haya pies ni haya gato? Quizá el problema -y cuántos problemas llevo ya planteados en este blog, cuántos problemas y qué pocas respuestas- es que ni hay gato ni no lo hay. Me haré por un momento Schrödinger y me apartaré de esta querencia por tener certezas.

¿Qué malsano parásito se alimenta de mis esperanzas? ¿Quién regula esta fuente de agrios humores? O dicho de otra forma: ¿por qué me molesta tanto no estar preocupado? Algo debe de haber entre mi sentido común y mi irracional deseo de fricción con la realidad para que la vida me sea nefanda, para que el final de cada capítulo se cierre con un fundido a negro. Algo debe de haber que obture el normal funcionamiento de este mecanismo frágil, avión de papel en medio del mar galáctico. Cómo me gustaría -a veces- que ese avión de papel no fuera mera metáfora, sino la verdadera hoja que cree construir sus pasos cuando es el viento quien la mueve. Ahora aquí, ahora allá… y seguir conduciendo mi voluntad de golem antes de que el amo -la muerte o la vida- acaben conmigo de una sola letra. Qué tranquila beatitud bailar un pas de deux con la brisa, con la paz de la casa recién limpia o del campo o de la gran, gran ciudad -cada uno se tropieza con la paz donde le toca-, dejar fluir la melódica saliva del relámpago poético y abandonar por un instante, tan sólo un instante, gran, gran instante, esta inquietud moral, esta angustia, este rasgar de puños oxidados, esta imparable soledad, este sentimiento de perder los estribos de la feliz inconsciencia de los primeros años.

Qué difícil es vivir.
Y sin embargo qué fácil es deslumbrarse con la mínima luz de esperanza, con la más fina hebra del hilo que nos une a todos. ¿Coincidencia, casualidad, destino, fortuna, azar? ¿Voluntad? ¿Es el carácter el destino? ¿Estoy construyendo mi futuro? ¿Destruyéndolo? Quizá es difícil vivir, pero no hay que dejar de luchar, no hay que dormirse en la cama del desamparo, esperar a que alguien nos acurruque en la noche del desierto. Los oasis son mentira, pero tan bellos…

Mi padre descubrió a King Crimson escuchando la radio. La canción era “The Court Of The Crimson King”. Yo descubrí a The Crimson Jazz Trio escuchando la radio. La canción era “The Court Of The Crimson King”. Hoy los dos hemos escuchado “I Talk To The Wind”. Una de las canciones que me acompañaron al empezar este blog. Al abrir los ojos por primera vez y no volver a descansar jamás.
Hace unos días, tumbado, creí volver a sentir la cálida sensación de estar en casa, sin muros ni exteriores. Sin mundo más allá de las puertas y las ventanas. El suelo, los muebles infinitos, la cocina -ya sin la lista de los almuerzos y las cenas-, la pared, de nuevo blanca. Clara frontera. Mañana de leche. Todo eso, la única verdad. Y se me fue, de nuevo, el líquido jovial entre las manos. La realidad seguía fuera, esperando en la noche. Llega el día y me persigue la luna.

Qué difícil es vivir. Qué difícil es mezclarlos: esta casa hecha con ecos de balbuceos y aquel zumo de historias que es la calle. En medio, la poesía, el arte, o quizás no hay que ser tan pretencioso, tan altivo, tan pedante incluso. Quizás lo único que me da la vida es saber que algo me une a otra persona: más importante es el momento cuanta menos importancia le he dado, cuanto menos lo he manoseado con el pensamiento. Al final, lo más importante pudo ser un beso dormido, una lágrima compartida, un silencio tensado entre dos cuerpos. O una canción que me recuerde que el pasado sigue ahí, jugando en el viento con mi futuro.

En medio tú, yo, nosotros, lago inquieto y tranquilo. Al borde de nada y todo.

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