Pobres cuerdos

Dijo el sabio: “esto es bueno y eso es malo”. Y el sabio dejó de ser sabio.

Unos dijeron Oh, Dios mío, ha llevado la desgracia a nuestros corazones, y lloraron. Otros dijeron Esto es malo y eso es bueno. Otros se quedaron callados, pensando en las consecuencias filosófico-moral-político-psicológico-antropológicas de tal proposición. Otros decidieron escribir grandes libros, para que las palabras del sabioquedejódeserlo pasaran por muchas bocas y muchas orejas y muchos ojos y muchas cabezas.

El sabio, viendo todo aquello, pensó: “Dudo: yo o mis palabras. Nada más ha salido de mi boca. ¿He sido yo el que ha provocado todo esto o han sido mis palabras?”. Pero como era sabio, no se lamentó. Tampoco optó por el discurso opuesto, ni le quiso dar importancia, ni optó por la fama de forma impulsiva: aquello tan sólo era el comienzo de su discurso. Probó a quitar palabras de su primera idea: “Esto es bueno y eso”. Peor. Siguió quitando. Al quedarse tan sólo con “Esto”, la dijo para ver los efectos que esa palabra tenía en sus atentos oyentes.

Cerciorados de que había sido el sabio quien había pronunciado esa palabra,
unos dijeron Oh, Dios mío, ha llevado la desgracia a nuestros corazones, y lloraron. Otros dijeron Esto es malo y eso es bueno… blablabla. Gritaron pacateros y disolutos.

Tanta fue su pena y contrición que, queriendo acabar con todo aquello, decidió callar. Y nunca jamás volvió a hablar. Mas ni aun así volvió a ser sabio.
El problema no era él. Tampoco sus palabras, o que la gente dijera una u otra cosa. El problema era ver problemas. El problema era tener miedo a la libertad. El problema era que quien se tenía que reír de todo aquello no era dios, sino él. Un error de cálculo. Ya se sabe que las ciencias humanas nunca fueron invitadas a las fiestas de las ciencias puras. En cada corazón 1+1 da un resultado distinto. Cada 1 está hecho de puntitos, y cada puntito está hecho de puntitos, y no me pidas más porque no me llega la vista.

En este mundo, los más serios e íntegros son los que se han tomado el juego al pie de la letra. ¿Son serios o íntegros? Una atávica respuesta bulle de mi corazón como respuesta: JA. Poleá.

La vida es un choque de libertades. Nube y nube (y nube y nube y nube…).

En el principio no había nada. El sabio dijo “esto y eso”. Cuando le quisieron pedir responsabilidades, afirmó No fui yo, fue mi mente. No puedo dejar de dividir. Soy el semental de la sintaxis, voy dejando mitades allá por donde paso, lo corto todo sin querer con mi lengua afilada. Lévi-Strauss se levanta de su silla y dice: “En verdad os digo que pensamos en dicotomías”. Jacques Derrida, mientras tanto, a hurtadillas, desatornilla una de las patas de su sillón. Estructuralismo y deconstrucción. Ambosendos en políticamente incorrecta discusión -dentro de los cánones establecidos por la filosofía, por supuesto-.
Allí, en la esquina de la sala, dos políticos se besan con erótico denuedo. Vuelan los Oh y los Ah, las Pes y las Soes. Delante, una lámpara. La sombra, que refleja un cuadro de Jacques-Louis David, Napoleón nacido de ínclito clítoris. Dos espectadores, convencidos de que la sombra es la realidad -¿había copyright cuando Platón? ¿No? Menos mal…-. Sobre la capa de terciopelo del emperador, un hombre y una mujer hablan calmadamente. Hay una tercera persona junto a los dos espectadores: el miembro tonto del Ménage à trois de ambosendos. También unas moscas clavando su aguijón en diferentes partes del cuerpo de los amantes, don Carnal y don Cuaresma unidos en sagrado matrimonio, refocilándose que da gusto (para ellos).

Dijo Gastón A. Facar: “El problema de la televisión de hoy en día es que sólo tiene dos botones: subir y bajar el volumen”. En cuanto le sale un botón más al mando, con darle un poco de jarabe de palo cada ocho horas, va que chuta. Así se queda el mar en calma. Dijo un telespectador anónimo: “Es bueno que en la tele se revuelva la mierda. Mejor ahí que aquí, no vaya a ser que atufe la casa”. Pues sí.
Sissí: curioso el nombre, ¿eh? En castellanoespañolandaluz se puede ver como una injerencia áulica en el destino de la princesita de cuento de hadas: sumisa hasta en el nombre. No se puede pedir más de los más altos poderes -de los más bajitos; hay una regla natural: a menos autoestima, más tacones, Sarkozy-. A Romy Schneider le pesó mucho todo aquello, aunque no se murió pronto. Se murió con 43 años, que no es lo mismo. ¿Por qué hay muerte prematura y no muerte tardía? Pregúntale a un enfermo terminal, a ver si le importa lo que hay de moral o no en la eutanasia. Anda, pregúntale si hay o no hay muerte tardía. Pregúntale

si le importa qué tiene de importante esto que estoy diciendo ahora, esto que no tiene importancia más allá de mí mismo.

Somos libres de llorar ante las desgracias propias o ajenas, somos libres de ocuparnos o preocuparnos, de quedarnos quietos o callados, de llevar la contraria por llevar la contraria, de llevar la contraria porque no queda otra, de salirse de la mesa de pimpón y llevarnos la contraria a nosotros mismos. Tanta libertad nos abruma. Ninguno de nosotros será sabio a menos que calle. Fools. Eso es lo que somos. Locostontos.

Pobres cuerdos
todos encerrados
ahí fuera.

Eso he leído.

Sometimes wish I’d never been born at all. No sé si lo dijo Farrokh Bommi Bulsara o Freddie Mercury. No sé ni si don Gonzalo podría responderme a esa pregunta. Sé,
en cambio,
que para mí es bien cierto. La puritita verdad. Y que se te seque la hierbabuena si dices que tú no lo has pensado nunca. Menudo marrón que es la vida. Más allá de los discursos solidarios, estamos solos. Puedo decirte: “yo me siento igual”, “yo me he sentido igual alguna vez”, “qué razón tienes”, “no te preocupes, nos pasa a todos”… Pero todos tenemos demasiado rápida la lengua para lo duro que tenemos el corazón. Al fin y al cabo, de ti es de donde nacen todos tus problemas y tus soluciones. Tú eres tan sólo en mí algo recubierto con el velo de una idea. Estoy tan solo… Estás tan sola… Pero somos libres de fumarnos el problema. Si pisamos cristales -completan Sabina y Benjamín Prado-: que sean de Bohemia. Más allá del: “para encontrar algo, deja de buscarlo”, el “deja de buscar”.

Nunca he escrito cosas sin sentido. Lo que pasa es que no estamos configurados con el mismo sistema operativo. Si vuelves a leer esta entrada, puedes intentar sacar una idea en claro, o dos, o ninguna. Puedes hacerte una imagen global del texto, o puedes analizarlo párrafo por párrafo. Te daré uno de los números de la combinación de mi caja fuerte: al empezar esta entrada he querido hablar de la libertad. Ya ves que… no soy libre, pues soy yo. Y vosotros, y nosotros no somos más que pura estadística. Libres de portada.
Declaraciones de intenciones desparramadas sobre la almohada.
Vivir es dormirse a chorros.

No hay nada como ser libre por un momento -no lo hay, realmente: hay otras cosas-: abandonarse a la escritura, abandonando el mundo para hablar de él o de nosotros o de nada en particular. Gary Lightbody canta: “If I lay here, if I just lay here, would you lie with me and just forget the world?”. Con puntos suspensivos al final. De esos que suelta la micropoetisa Ajo -la etiqueto con precaución, como se debe aplicar cualquier etiqueta (y más aún a ella)-. La libertad es un juego de juegos. “Here’s looking at you, kid”. “Avanti!”. Leer es traducir. Tradúceme a tu antojo. Plántale cara a la vida, que por la noche pondremos en común cómo nos ha ido. Lo que podamos. Como podamos.

Yo como, nosotros podamos.
Ya ves que del indicativo al subjuntivo hay un paso, y bastante grande, por cierto. Vayámonos a la cama a despertarnos un ratito.

Anuncios

2 comentarios en “Pobres cuerdos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s