Se abre el telón

Siempre lo he hecho. Mezclar temas, digo. Siempre lo he hecho, realmente. La división de días, de horas o de meses; cualquier acotación artificial del fluir en que vivimos -si es que vivimos, si es que morimos- es un añadido. A la marea no le entorpece ponerle un dique. Al final: ¡pum! ¡Polder! Muertos veinte holandeses, y a cavar, a cavar. Me he terminado La voluntad y la fortuna, de Carlos Fuentes. Lo pedí por Reyes, lo empecé hace dos meses, lo dejé, lo volví a tener entre mis manos. Increíble. Habla de las relaciones entre voluntad y fortuna (y necesidad), habla de la fragilidad de toda relación social -amistad, amor (¿la más social de todas? ¿La menos?)-, habla de México, habla del enfrentamiento entre empresa y estado, habla de arribistas, de espíritus atormentados, de venganzas en plato helado… y todo lo cuenta una cabeza medio hundida en la arena de la playa de Guerrero -¿o Guerreros? Google it; This is it-, un recuerdo de espuma de mar y masa encefálica y pelos mojados y orejas raspadas y cuencas -casas colgantes de arena y pozos negros, custodiando el reloj de sol, la piedra de toque, esa nariz alargada…-. Mire a donde mire, allí está mi nariz. Parte de ella. Olisqueando mi visión, okupando -sucia k-. Aquí está, a mi lado, con su doble suspiro, sugiriéndome frases -huele a tierra, habla de esa casa en el campo que…-. Olor a tierra, olor a costumbres pacientes y ufanas. Rose y Bernard en la isla perdida. Entre mosquitos y plantas tropicales, las hojas gigantes, el agua y la tierra, la pasión domada, la costumbre de amarse y de no amar más, de no rebosar el vaso para que siempre esté lleno, así, tan tranquilito, tan quietecito no más… Hace una semana, caminando por el puente del Cachorro, encontré la solución -frágil, no hay otra, ajo y agua, lo tomas o lo dejas- a mis penurias -qué literaria queda esa palabra, pero qué manida-: a los problemas, escribir. Como todo, queda muy bonito al pensarlo, pero se le van cayendo cascarillas de belleza -la solución, la belleza… frágiles- a medida que tomas los siguientes pasos de la ecuación: imaginarlo, repensarlo, volverlo a imaginar, crear una realidad en la que funciona, una de tantas realidades, y entonces es sólo una mierda en el suelo; ya empieza a oler, así que tiras de la cadena y el puente te engulle, toldo incluido, hacer el amor bajo plásticos, no hay nada más incómodo, eso me dijeron ayer, qué amplia muestra de sabidurida popular, relamida, el perro que se lame las heridas, la risa sardónica. Pues eso: iba por el puente del Cachorro, y lo raro es que no me encontré con ningún sumidero, así que crucé. El problema es que luego volví a cruzar por donde vine. Ningún cambio, pues. ¿Sabes tú cambiar? Como mucho, yo soy interruptor, un intermitente: ahora sí, ahora no, on-off, blanco-negro. Ya no tanto, venga, no seamos fatalistas, no nos hagamos los interesantes: va mejor la cosa -coño, ha pasado casi un año de la primera entrada: algo habrá pasado-. Pero, ¡qué hipócrita! Yo empezando a decir que los días y las horas y los meses son artificiales, que son añadidos, que son libros falsos, de esos duros y huecos, cartón y cartulina, dinero metido dentro, masificación de la cultura, best-seller, ni cursivas ni pollas: producto español, provincia de USA. Lo que decía: yo hablando de la falsedad de esas divisiones temporales, y te vengo ahora con lo de que ha pasado un año. Aclaro, para que no os alarméis: lo digo con fines pedagógicos. El Imperio Romano no cayó en una mañana. Un instante: ala, se ha caído la estatua del César. No es que una mañana Marco Aurelio se levantara -ya muerto, hablamos del siglo V- y se encontrara una cabeza de caballo en la cama. Los mafiosos de aquella época tenían más estilo. Y, sobre todo, no podían volverse a Nueva York para que no les pillaran -o a Chicago; Google it-. ¡Tenemos el cerebro atolondrado!, ¡necesitamos ayuda para todo! Me doy cuenta: muchas de mis entradas tienen expresiones así -“pero tú que te crees, ¿que nos las hemos leído?”-. Me doy cuenta: a cada frase de estas, me acerco más a los predicadores de La vida de Brian: ¡y todos nos arrastraremos por el fango de la miseria intelectual y no podremos comer sino humo y polvo y petróleo y por las orejas sólo entrará el rugido del falso dios que es el Moloc que a todos nos devora tarde o temprano sí y a ti también incluso a ti Joyce tan atormentado asustado por las comas pero seguidme escuchando que aún no he terminado con vosotros sí vosotros que estáis ahí este va a ser mi último consejo esta va ser mi última admonición y mi última reprimenda y mi última cagada os envío mi plasta mi enroscada creación dejad de escucharme imbéciles dejad de escucharme y escuchaos a vosotros mismos a vuestra cabeza o es que Google os tiene que ayudar a ir hasta el baño vergüenza os debería dar! Cállate coño. ¿Me dices que escuche a mi cabeza y me hablas de vergüenza? Te sale solo lo de enseñar a vivir a los demás, boquita de oro, manitas de cerdo, rosa de pitiminí, bolero de Machín, Nat King Cole, aquellos ojos verdes de mirada serena Corte Inglés. Se jodió la música, se jodieron el arte y la vida. Falta poco para los anuncios patrocinados, como en Futurama. Que sí, que no sólo leo poesía y veo películas antiguas, que también soy un ciudadano de mi tiempo. Hay que fluir, ya te lo he dicho, fluimos, ni vivimos ni morimos. Hay que adaptarse. Si sí, no. Si no, sí. Mi costumbre de llevar la contraria, mi prurito -qué bonito, otra palabra para aparentar: prurito. Nunca salió tan barato un psicólogo, dos puntos más de autoestima, la barra de los Sims- de tener un rumbo propio no es más que nadar hacia donde todos, pero vuelto de espaldas. Así soy original, así molo, molo Moloc, qué bonito es mi prurito. Estuve leyendo hace poco algo de un blog -“¿te crees que me he leido todas las entradas?”- coñazo. No me gustó nada: me recordó a mí. Qué asco de palabras rebuscadas -y entonaré paralelamente un mea culpa, pero flojito, debajo del cojín, que suene apagado-: la tarde se volvió crepúsculo, yo no nací: fui engendrado. Y no soy una persona tranquila, no tengo cuajo, no cambio de humor: otras veces soy el solitario, De Niro en Taxi Driver, God’s Lonely Man. Otras veces soy cáustico, otras banal, otras ingenuo… o perspicaz. Vale, catanoga, te ha quedado bonito, pero la mitad de lo que has puesto es de Scorsese. Y a saber de quién lo copió él. Pues ya está. Se me va la originalidad por el reloj. Como ayer, con el piano: tan sólo la estéril danza del do-la-fa-sol. Do-la-fa-sol: si bonito suena, te lo reconozco, pero de ahí a que creas que sabes componer… Hace poco me dijeron: “tal vez eres muy exigente; tal vez tu problema es que nunca estás contento con lo que haces”. ¿Se puede estar contento con lo que uno hace? ¿Es que el deseo cumplido no trae otro deseo? No te atrevas a cumplirlo, catanoga, porque sólo eres un ratón dando vueltas dentro de una rueda. Voy a correr más rápido a ver si llego antes… déjà vu: por aquí ya he pasado. Sí: he buscado las tildes de déjà vu en Google. Soy carne de pecado. Quemadme. Soy carne de pescado. ¡Qué ingenioso! ¡Carne de pecado-pescado! Venga, Dostoievsky, sal a la calle a que te aplaudan. Es lo que tiene tener un blog: que tu mierda cae en el abismo sin fondo, un abismo-red, el basurero compartido. Internet es una ilusión: que alguien busca Santorini en Google -siempre Google, Google, Google; ¡toma publicidad!-: entra en mi blog. Lo mismo pasa con el cubismo, con Donnie Darko, con brisa, color y seda. ¿Brisa, color y seda? Qué friki, ¿no? Te hace falta un buen polvo, chaval. Deja de masturbarte con las teclas del ordenador: sal a respirar. Y yo contesto, impostadamente -nueva palabra/apariencia- indignado: “ahí fuera no se respira nada bueno”. Pues sigue metido en tu concha, peregrino, sigue predicando tu verdad a los cuatro vientos -¿es que hemos acotado hasta al viento?-. En el espacio no hay sur ni norte, abajo o arriba -“lo dice el astronauta”-. Ahí fuera no hay nada más que oscuridad, y aquí dentro también. Trata a la victoria y a la derrota como el mismo enemigo, o algo así. Algo así es toda mi vida. Perdóname, Kipling, pero es que ahora me da pereza buscarte. En la era digital es muy fácil hacer de erudito. Un poco de pegamento, una gomilla y la máscara -o la careta si vas al chino-: algo así. Si fuera y dentro son lo mismo -la misma mierda son, la misma mierda son-: ¿a dónde coño hay que mirar? ¿Te voy a mirar a ti? ¿Te crees que me he leído todas tus entradas? Escribir aquí es predicar en el desierto: ¡un comentario! Me callo, entonces. Seguiré escribiendo. Esa era la solución frágil, ¿no? La del sumidero, la del puente que te engulle: para superar los problemas, escribe. Qué bonito, menuda muestra de integridad, ciudadanito capitalino: bienvenido a la jungla, míster Marshall, toma una pistola y una rosa –Guns’n’roses, por si me paso de críptico: Welcome to the jungle-. Seguiré escribiendo. Pero, ¿por qué tan rebuscado, catanoga? ¿Por qué tan críptico? A veces te leo por compromiso, porque vaya telita las cosas que pones… Lo único que haces con eso es aparentar, y las apariencias se van cayendo como cascarillas, que todo queda muy bonito al pensarlo, pero ten en cuenta que te tienen que comprender los demás. Y digo yo: “¿sí? Pues David Lynch tiene una Palma de Oro. Díselo a él y bórrale la cabeza -venga, no te voy a explicar ésta también, que tampoco es tan críptico; te paso con Jack Nance, pregúntale a él-“. Pues eso: déjate de tonterías, que te van a mandar a tomar por culo dentro de poco. Realmente, a todos nos mandarán a tomar por culo tarde o temprano. Pero sonríe, que te están apuntando las cámaras: dientes, dientes, que eso es lo que les jode. ¿Otra vez te he desilusionado? ¿Te crees que en mi casa no se ve Telecinco? Sí es verdad que el noventa por ciento de las veces -qué manía de poner letras: no va a explotar el mundo porque pongas “90%”- si vemos Telecinco es por el zapeo: zap, zap, zap, zapping. No me crié entre Tolstoi y Dostoievsky: yo veía Lo+Plus, yo veía los Power Rangers. Hay de todo: jardines lejanos y televisores de tubo. Patatas de bolsa y hermosos frutos cuajados de sabor -engendrados en el crepúsculo; cáusticas y banales son hasta las alcachofas, así que dejate de pelotear, ché-: me he pedido por Reyes algo de Borges, Kennedy Toole, Muñoz Molina, Bolaño… Hay que seguir aparentando, ¿no? En serio: lo pido porque me gusta, que antes no pasaba así. Cultura en las compras navideñas: libros falsos, de esos duros y huecos, cartón y cartulina, dinero metido dentro, masificación de la cultura. Déjà vu. Bu. Susto o muerte. Otra costumbre. Hoy en día a los niños les huele el aliento a dinero. Como incubar una moneda en la palma de la mano, puño cerrado. Empieza a sudar economía: qué peste. Qué peste doy yo también. ¡Alejaos de mí, pues soy el maldito! “Publicar entrada”. Bueno, me voy a ver el Tuenti. Qué chulo queda todo aquí, catanoga. Se te pilla antes que a un mentiroso -y el mentiroso: ¿miente siempre?-. ¡Vivimos en un mundo de apariencia, un no-lugar, un aeropuerto constante! He de decirte que cuando Platón ya había hijos de puta. O hideputa, Pérez-Reverte. No te me mosquees, que todos sabemos que también te indigna la idiocia -jo, menudos somos yo y mi vocabulario- y me cago en vuestra sangre y la madre que parió al demonio y malditos seais todos pero yo el primero. Qué asco. Qué asco de apariencia, de soluciones frágiles, de buscar temas, de depender de la escritura, de no ver un horizonte claro -¿existe acaso? Porque ya estoy un poco cansado de esperarlo. Y no es una pataleta: es una crisis existencial, algo normal en tu edad, chico, tampoco te creas ahora el más sabio de tu barrio-, de tener que tragar y tragar. Aquí se viene a mamar, y si no te gusta, pega un salto y te agarras a la luna. Así que aquí te quedas. Es lo que hay. “A ver helegido muert”. ¿Me se entiende? Qué guay, mola ser poeta príncipe. Gracias, Gracián: «floreció en el siglo de oro la llaneza, en este de yerro la malicia», santa Wikipedia y san Google, la nueva religión -¿otra? Joder. ¡Haced sitio ahí dentro!-. Clichés: la nueva religión, China es un país de contrastes, el partido del siglo. El partido del milenio. El partido del año. Meses, días, segundos. Todo pasa y todo queda, y la madre que parió a las circunstancias porque me superan, me superan, joder, estoy hiperventilando, ayúdame o me muero -pero, ¿otra vez? No decías: “si es que vivimos, si es que morimos? ¿A qué viene ahora eso de que te me mueres?-: vale, también lo he dicho con fines pedagógicos. Sólo os quiero enseñar unos cuantos trucos con parábolas. Sentaos un momento y escuchadme. Esto es solo el comienzo. Esto es: ¡Brisa, color y seda! Se baja el telón. Hasta la próxima función. Les esperamos en este mundo de literatura, cultura, arte; todo lo bello, cuidadosamente envasado al vacío, en el vacío. Aviso: al señor gordo del bigote se le ha llevado la grúa el coche. Que se joda.

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16 comentarios en “Se abre el telón

  1. te ha quedado algo esquizofrénica la entrada, jajaja
    pero mola! como siempre
    sera que darselas de sabio-palabras tuyas eh!(a lo mejor no literales) tiene su efecto positivo 🙂
    no te rayes, es tu blog, es para ti, escribe lo que te de la gana y no pienses en nosotros

    un besete!

  2. Tranquila, que mi esquizofrenia sí que la aparento jeje. Es que le tengo una manía a las sabio-palabras (me quedo con el término)… porque luego pareces más listo de lo que en realidad eres. Si pensara íntegramente en vosotros al escribir en mi blog no podría explayarme… pero tampoco puedo pensar absolutamente en mí, porque entonces escribiría basura críptica :P. Así que vayamos al término medio (aurea mediocritas, toma sabio-palabra jaja), aunque a veces me pierda por los cerros de Úbeda. Gracias por comentar, como siempre.

  3. Pues aquí tienes a otra seguidora, para que no pienses que estás “predicando en el desierto” 😉
    Y que razón tienes en tantas cosas… Da que pensar eso de que no hemos terminado de cumplir un deseo y ya estamos pensando en el siguiente, siempre mejor que el anterior (cómo no…)

  4. Joder con el nene (es con cariño). No te quedes en el aureas mediocritas, que no es más que la mediocridad del gris, lo standard, lo normal, ni chicha ni limoná. Vomita, vomita, que luego te sientes mejor y abona las plantas.
    Yo soy un poco naranjo y algo queda.

  5. Solo decirte gracias, desconocido. Llego aquí por casualidad y me trago este tochón de locos y me veo reflejada en lo que dices. Yo no lo podía haber plasmado mejor. Haces bien en sacar todo lo que tienes dentro, todo a la vez, todo mezclado…
    Que tengas suerte 🙂

  6. Increíble entrada Rafa. No está demás vaciar todo lo que llevamos dentro de vez en cuando, no es sano albergar todos los inconclusos pensamientos en la mente, y más cuando eres capaz de expresarlos de esta forma, ya quisiéramos muchos escribir la mitad de bien que tú, o al menos “aparentarlo”

    Es cierto, que hay que usar un lenguaje a medio camino entre la exquisitez que demuestras, y el carácter divulgativo, aunque por ello bien has citado a David Lynch, quien no lo hace.

    Ha muchos les asusta la cultura, tienden a reírse o a burlarse de lo que no entienden, muestra inequívoca de su escaso interés por ser insignicantes resortes de la maquinaria social, les da envidia el que otros sean infinitamente superiores en el plano intelectual, por ello, critican todo lo que no sea normal, y qué es normal, sino lo ajustado a la norma, lo que todo el mundo piensa, hace y dice sin cuestionarlo, sin preguntarse ni reflexionar, vivir la vida sin más, no hay más preocupaciones más allá del hedonismo y narcisismo reinantes en la actual sociedad, los que se preocupan por temas más profundos, o aman la cultura y el arte, como es tu caso, son tratados como freaks, o como bichos raros, te animo a que sigas escribiendo así, porque en mí tienes un admirador más.

    Desde mi humildad, considero haber descubierto que la vida no se centra en los placeres materiales, y la mundanal y popular cultura de masas de la que google y wikipedia son buque insignia, como bien dices, el copia y pega es un hecho, y cualquiera puede convertirse en un intelectual a raíz de hacer click, por ello, alabo tu original, bella, crítica e irónica escritura. Sigue así.

    1. Muchas gracias Carlos! Últimamente le tengo miedo a pasarse de trascendental. Sí es verdad que el arte siempre está ahí, y que muchas veces ayuda, pero no debemos convertirnos tampoco en estatuas, en figuras aisladas. Al fin y al cabo somos humanos, cada uno con nuestras gilipolleces. Eso sí, la cultura de masas también me provoca cada vez más rechazo. Hay que hacer un balance, y el término medio, que es la mejor solución, es la mayor putada de todas: si dicen que en todo éxito importa más el proceso que la consecución del objetivo, lo tenemos claro: seguiremos buscando siempre, y si ello conlleva estar condenados, anclados al deseo perpetuo de la clave de todo… No queda otra que sufrir y apretar el puño. Lo dicho, muchas gracias por tus palabras, que quieras que no le suben a uno el autoestima como escritor. Un saludo!

  7. *error en un párrafo anterior: “Ha muchos les asusta la cultura, tienden a reírse o a burlarse de lo que no entienden, muestra inequívoca de su escasa capacidad mental, quedarán relegados a insignificantes resortes en la despiadada mecánica social”

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