Lenguaje marino

1 noviembre, 2009

William Faulkner

He cumplido en parte una de mis voluntades. Ver la verdadera costa, la verdadera playa. Nada, excepto el aire ligero de la noche y el gramófono que lanza bucles de olas sobre vueltas de arena. De pie, frente a la frontera de agua y luz, sobre la musgosa catedral de las ballenas. El mar tiene algo de sagrado. Es sal líquida que se bebe por los ojos y los oídos. Me quedo callado, escuchando. Es curioso que, cuando callo, me escucho mejor. Silencio que rasga el paladar. Liberación de los sentidos. Droga coral. Lanzas de luna. Y la línea que se olvida de sí misma por un instante, donde el homófono azul retumba.

Bajo a la alfombra, me siento, respiro. Callo y recuerdo. Veo al pensador, veo donde menos lo esperaba a un dios que mira el pasado. Ese golpe de mar es un latido que llega desde un corazón muerto en vida, redivivo en memoria, vivo en el mirar que me concede el sabio. Dos segundos más, y el pulso retorna a la rutina cobriza. Se pierde el brillo, el sabor, la sal, y queda el frío en los pies. Se me aparecen ahora sábanas de caballos, ritmos sobre el tapete oscuro, junto a la eterna tumba de las nubes.

Junto al mar, ya sin luz, se ilumina la frente. Dura queda la palabra con el paso del tiempo, inamovible. Hablo en este decisivo segundo, hablo con pulpas de palabras, lanzo proyectos de vida efímera. Duran tanto como el momento presente. Junto al mar, la metamorfosis de la palabra pensada. Lejos, cuando la sensación no es más que una talla de madera, un bajorrelieve, escribo este juego, esta mentira vestida de terciopelo, vestida con las galas de un hidalgo, condenada desde su primitiva concepción a ser destruida por el aire sólido que me rodea. Ya no hay esa noche, ya no hay pulpas de palabras para ese momento: sólo fotos, estatuas, pinturas, poemas, melodías, reflejos y sombras. La Sensación no es minúscula, común, pero tampoco se merece la mayúscula. Es algo más que no existe. Este lenguaje encriptado me pone de los nervios. La próxima vez me tiro al mar, y que escriba sobre mí palabras eternas de espuma y candados oxidados. Palabras de ruido y furia. O como leí hoy aquí, citando a Vetusta Morla: “Las palabras que no existen son las que nos pueden salvar”.

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4 Responses to “Lenguaje marino”

  1. Don Ochoa Says:

    ¿Citándonos entre nosotros?

    Somos como los realistas en sus artículos periodísticos y en sus premio literarios.

    PD: Me pido Benitez Reyes…

    • catanoga Says:

      Ya veré cuál me pido yo. De momento no tengo casi ninguna referencia. Al final acabaremos inaugurando un nuevo movimiento, unos nos odiarán, otros nos alabarán, y nosotros fingiremos no prestar atención ni a unos ni a otros mientras hablamos de cine y literatura en los bares. Y usted se hará del Betis.

  2. Don Ochoa Says:

    ¿Y usted se hará del Betis?

    Eso es como decir: Y usted se tatuará a Belen Esteban en un biceps curtido en maquinas de gym…

    PD: Me apunto a lo de crear movimientos y grajearnos lameculos y rivales encarnizados.

  3. Grako Says:

    Dejaos de mariconeo y de amiguismo. Mi blog es el mejor y punto! xD Y tu Ochoa callate que el Sevilla es de realistas, el Betis de los de la experiencia y el Córdoba….el Córdoba es simbolismo nihilista puro y duro.


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