Mi refugio

Stairway to Heaven

Llamad al mago. Tengo otra crisis.

"Ninguno" de esos momentos se perderá como lágrimas en la  (Blade Runner)Sigo con ganas de escribir. No quiero momentos vacíos. Pero se me está yendo la creatividad por la frente. Sé por qué, y no lo quiero reconocer: pasarlo mal. Creé este blog hace 10 meses como refugio. Una cabaña. Una sábana. Un reflejo de un futuro que, durante la primera entrada, no veía: sólo percibía los reflejos en las estatuas de Rodin, la desamparada estatua de Dalí, los templos de Huidobro y Vallejo. Quedaron atrás también las ondas de las finas estatuas negras, quedaron atrás también el polvo de estrellas y los párrafos abigarrados. Y empecé a oler la libertad mediante la escritura automática, la asociación de ideas opuestas, incomprensibles excepto para mi última consciencia. Escribía sin percibirlo, corazón con brazos. La mente libre de ataduras. Poco a poco, volví a la descripción racional, abandoné la irracionalidad. Busqué afianzar las bases de mi aventura con cemento, y no con arena. Abandoné el palacio de los shakuhachi, los bosques callados, el lago silente del Palacio, las piedras redondas, la paz japonesa. Dejé atrás el kiosko donde los músicos árabes compartían sueños con los alarifes del séptimo cielo, adormecí los olores del jardín del sultán. Lloré polvo sobre la luz, el fuego, el agua, sobre el insomnio, sobre poemas y obras de arte. Dejé caer la piedra de Sísifo cuando, por fin, olía los rizos y bucles de la cima: sabía a inmortalidad. Dejé caer tempestades sobre los antiguos. Dejé que las palabras con sentido perdieran toda su memoria.

Maldita sea. ¿Qué puerta tengo que abrir? Demasiadas opciones, demasiadas tentativas, tantos conatos de chispa cerebral. Aquellas puertas que más nos conviene abrir son aquellas que abrimos inconscientemente. ¿Qué tienen la tristeza, la soledad, la verborrea mental, el cuerpo agachado en el pasillo llorando la muerte de un familiar? ¿Qué guardan los días silentes en que más insoportable era el zumbido de mi presente? ¿Qué decisión tomé, que hizo que la inspiración se me fuera derramando entre hojas de plástico, entre caminos de polvo, entre paisajes de Friedrich? ¿Acaso hay respuesta?

Somos malditos. Seguimos siéndolo. ¿Soy acaso distinto? ¿Soy acaso yo, el antiguo simbolista, quien descifraba los remolinos del Arte? ¿Era yo, o era el tiempo? Me leen unos pocos, y yo se lo agradezco. Últimamente escribo más para los demás que para mí. Pero volver a la pureza de mis primeros minutos… Me parece ahora imposible. Poco probable, debería decir, pero más que decir debería hacer. Y si la voluntad corre libre entre letras, el momento cumbre te amordaza el aliento, y escupes aire. Lo único que hago es no hacer nada.

Plaza de EspañaQué marea de pensamientos queda ahora en la playa donde el hombre panteísta es ya roca de arenisca, donde las olas siguen repitiendo la misma respuesta, su suave y eterno latir de espuma. Una sentida reverencia no hará que me encuentre mejor, no hará que encuentre mi antiguo sentir. No tengo a nadie a quien pedirle que me devuelva lo que perdí. Antes lloraba por una pérdida tangible. Lo que quiero ahora es encontrar de nuevo lo superior, la escalera al paraíso. Que vuelvan las noches sin dormir, los enfermizos traqueteos del autobús, sus quejidos, las tardes en el Monasterio de la Cartuja, las caricias a los árboles, yo, el solitario, leyendo en cuevas de metal. Yo, el solitario, con nadie más que Coetzee. Con nadie más que la nieve y la luz que revientan el suelo.

Qué infantiles son ahora mis piernas y mis ojos cuando quiero salir de aquí. Cuántos goterones ácidos me restallaban en los labios, junto a la carretera, antes de dejarme caer por la pendiente. Casi me mato. Todos esos recuerdos no se perderán como lágrimas en la lluvia. Siento contradecirte, Ridley. Todos esos recuerdos, cuajados de emociones, se me quedarán clavados, pasarán a formar parte del imaginario de mi mundo. Pertenecen ya, cuando el año ha pasado, a la sala de la chimenea, a las vitrinas, a las cámaras que protegen mi futuro. No hay mejor pegamento para un recuerdo que llorar de pena. Por momentos, las visiones rebosaban en mi cerebro. Con cerrar los ojos ya veía. Hablaba en un idioma arcano con mis dedos, con mis puños, con mi estómago. Ahora en cambio ando falto de emociones. Repudio la apatía, no es eso lo que quiero recuperar. Quiero recuperar la voluntad de labios caídos que me conducía a la Plaza de España a leer a Juan Ramón Jiménez, la mañana de los coches de caballos, tan sólo…

Ahora busco en el cine otro refugio. No quiero abandonar este blog. No lo quiero perder. Lo voy a mantener con uñas y dientes. Porque es el cuadro de un recuerdo. Vindicaré mi indeciso vagar por el mundo aunque se me escapen los segundos, aunque la sociedad que no existe me atraiga con cánticos de sirena.

Llamad al mago. Llamad a Cortázar y a Joyce. Tengo una crisis.

Me he cansado de ser libre.

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2 comentarios en “Mi refugio

  1. Empieza usted con el mejor disco de Led. Con eso me mete en su bolsillo indudablemente.
    Despues me nombra a Friedich, gran central teutón que el PES cambiaba su nombre por falta de derechos de imagen.
    Sigue diciendo que “Me leen unos pocos, y yo se lo agradezco. Últimamente escribo más para los demás que para mí.” Esto también me ocurre a mí, aunque nadie me lea.
    Más adelante le da por citar a la Plaza de España y a lecturas bajo su sol. Le digo que yo tambíen he hecho eso, y me gustaba leer en el azulejo de Álava. No sé muy bien porqué, pero así sucedió durante pocos domingos.
    Y para acabar se atreve a decir que busca en el cine otro refugio. Pues tras la tarde que hoy hemos degustado, le diré que va a acabar cuanto menos muy familiarizado con ese refugio y con los ojos alocados de Trueba, entre otros.

  2. Una ventaja que tienen los blogs de WordPress es que tienen estadísticas. Supongo que a los de blogspot se les pueden poner también, pero uno está familiarizado ya con quién entra en mi blog por accidente y quién no. La clave es escribir no para que otros lo lean, sino por el hecho de escribir. Aunque si cumpliera esto a rajatabla, aquí no se iba a enterar de lo que pusiera ni yo.
    La cara de Trueba se me va a aparecer en sueños como la mujer que cantaba en “Cabeza borradora”. Más que sueños, pesadillas del mono loco.

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