Pulga blanca

Juan Ramón Jiménez y Zenobia CamprubíRevivo el pasado. Fuera de etapas, de infancia, de madurez, de niñez. Un momento tan sólo.

Un patio bañado de sol. Una pátina blanca sobre los zócalos marrones. La sombra es la fortaleza. Que vaya mi padre a por la pelota. Pero es un buen recuerdo. Sólo el egoísmo propio del niño pequeño, del niño que aún retumba el suelo con sus pasitos de tic-tac, que se balancea con los brazos. El murito me llega a la cabeza. Más allá, quién sabe… El mar, los graznidos de las gaviotas, los barcos pesqueros, los veleros, los atunes… Quién sabe…

Más allá, donde acaba mi reino. Frontera de aceite, línea en el agua, agujero en la arena. Clavo en el aire. Falsa verdad. Vivir una historia. De pequeño viví en mi propia historia. Faltaba mucho para despertar. Líquido amniótico, ambiente cálido. Allá, la bruma. El cielo, parches de nubes blancas. La hora inmediata. La hora unánime, plantada, cálida. Juego de pelota.

El hombre de barba poblada me pasa el balón. Suave, llega rodando a mis pies. Le intento dar. De nuevo al sol. Sigo en la sombra. No quiero salir a la luz. He nacido para hacerlo así. Llevo un gorrito blanco. Toldos sobre las orejas. Láminas de tiempo fluyen, y se funden bajo el sol. Padre y padre. Madre y madre. Mi hermano, allí. Él en su propio mundo. Dos universos entre muritos enjalbegados. La pequeña puerta que lleva al camino, y luego al mar. Quizá. Quizá el pasado que construyo no existe. Quizá. Quizá existe sólo el recuerdo. O algo que escuché hace poco en la magia del cine: “recuerdos de recuerdos”.

Y luego sólo te queda una pulga, que caprichea y pinta en tus ojos una mancha blanca. El murito blanco. La pelota. El viento. El sol. El mar.

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3 comentarios en “Pulga blanca

  1. Me han llamado la atencion dos palabras de su excelente recuerdo marítimo: “Padre” y “Magia en el cine”. Y le diré porqué.

    Hoy, cuando he terminado de comer mi padre me ha invitado a sentarme junto a él a ver una película. Esto hacia mucho tiempo que no ocurría. Ver una película con mi padre. Acepto la invitación y él se levanta para coger la película de la estantería. En ese momento supe que película iba a coger. “Roma, ciudad abierta”. Me pregunta si la he visto y le respondo que si, pero que quiero verla otra vez. Y más si es con él. Además hacia mucho tiempo que no me sentaba a ver cine con mi mentor. El amo del cine western: Mi pare.

    Por ello, la MAGIA DEL CINE ha vuelto a aparecer entre PADRE e hijo ahora que eso está tan poco de moda.

    Nada es casualidad. Usted ya lo sabe…

    1. Me empiezan a inquietar tantas casualidades. Creo que el cine acompañado gana muchísimo. Creo que la magia del cine sólo se da en la sala de cine. Uno solo se atreve más a reírse, y se atreve más a llorar. Sin embargo, ocurre con menos frecuencia que cuando está rodeado de gente. Será la empatía, será la gramática de los sentimientos, o será telepatía (que es lo que empiezo a pensar que compartimos). Dese por saludado.

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