Por qué el arte, por qué las palabras

José Antonio MarinaEn nuestra sociedad solemos contraponer lo que produce dinero a lo que no. Es la mentalidad del dólar, del euro; el cerebro es pasta de papel verde, nos huele a cobre, a cinc, ni siquiera sé de qué está hecho el dinero pero qué más da, sé lo que me hace a mí. Palahniuk dijo: “Aquello que posees te poseerá”. Neruda contempló en uno de sus poemas la posesión de un reloj, del tiempo que guarda en su pequeño aro un universo, un átomo, todo en un pequeño punto.

Neruda no produjo grandes cantidades de dinero. No sé si fue rico, no sé si simplemente fue como el Neruda que Skármeta refleja en El cartero de Neruda, o que Philippe Noiret refleja en su rostro y su voz en la película homónima (recuerdo también al ciego de Cinema Paradiso). Hablando con Massimo Troisi, lo vuelve inmortal (Troisi murió poco después de terminar la filmación de esta película). Esa película es arte. Te mueve. No mueve máquinas, ni tornillos ni bujías, ni faxes, ni llamadasnicablesnipantallasnienormesmolesdehormigónyladrillonicolumnasdehumo… Tengo que parar. La gran máquina de nuestro tiempo me arrastra por el fango y el barro y las cuatro columnas de cieno que cubrían (y cubren) Nueva York, y las grandes urbes y pronto hasta los campos darán patatas de madera. Lorca también lo reflejó.

Tanto reflejar… ¿De qué espejo hablo? En algún lugar tendrá que doblarse la realidad. Y esa transcripción de la realidad, el volcar lo que vemos en un baño de segundos y de paños de neuronas es siempre infiel, aunque no por ello perjudica nuestros fines. La creación, la contemplación, el disfrute del arte genera una simbiosis entre autor y alma que observa y se mete hasta el cuello en la cueva, o en el campo, o en el edificio abandonado, o en un ojo, o en un vacío con líneas rojas que se tiran de cabeza al otro lado del marco. El árbol ya no es árbol, la casa ya no es casa, el hierro ya no es hierro, incluso el viento ya no es viento, sino cabellos que peina el peine de Chillida. El arte es la transmutación de la realidad, el mayor poder del ser humano. Pero, por favor, dejémonos de esoterismos y paraciencias, dejemos de pensar que los artistas son magos. Lo parecen, pero son seres humanos. Tienen esa potencialidad de destrozar la cáscara del huevo, y de que el dragón se alce. Los dragones no existen, pero podemos crearlos. El estío no es nada. Es una palabra. Esa es mi única Palabra. Esa es mi única Salvación. Ese es mi único Camino. El Sol y la Tierra bailan, y nosotros, que nos quedamos asombrados, que vemos a los dos astros punteando entre teclas de piano, aplaudimos, gozamos, soñamos, o simplemente no miramos. Porque muchos no miran, no observan. Estamos hambrientos de sed, de fe, de clavos ardiendo, de felicidades parciales, de tramos, y nos inunda un cierto masoquismo inconsciente, y esa es nuestra maldición.

Somos malditos. Somos una especie maldita, los desheredados del rePhilippe Noiretino animal, aquellos a los que fue otorgado el don de la duda. Somos los Malditos, los miserables. Podemos huir de la apatía y del invierno. Podemos volver a las manos de nieve y a la sencilla existencia, al humilde estar del tú y del yo, del amor. Pero devoramos las palabras, las engullimos, las machacamos entre los dientes, mezcladas con sangre seca y lenguas de loza. No sentimos, no vibramos cuando otros vibran. Cada vez necesitamos más, y volvemos a lo antiguo buscando algo nuevo entre los escombros y la basura. Nos hemos quedado encasquillados, pues ya no somos de carne y ojos, sino de hierro, de balas y tormentas y de plástico y de labios hinchados. Ni siquiera somos. Pasamos. Pasamos por todo y de todo. Somos malditos.

No hay que exagerar, sin embargo. Siempre habrá alguna semilla de Mal. Alguna semilla de rotura con lo anterior, no radical, no seamos tontos. Alguna semilla de Mal que crecerá y será Bien. Esas son las palabras.

Neruda le hizo poemas al tomate, a la alcachofa. José Antonio Marina dijo que eso era la poesía. Hallar lo bello en lo cotidiano. Otra cosa es que te guste. Pero es una gran verdad. Porque esa es mi Salvación. Transmutar. Ser inmortal, o crear inmortalidad. Salir de la cueva renovado. Para entrar otra vez.

Sonriendo, a ser posible.

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