Lo que salga

Astrud GilbertoEsta vez me propongo escribir con lo que me digan el jazz y la bossanova. La música habla. Convertido en su escriba, Nefertiti y Nefertari, Amenhotep, Akhenatón IV, rey de locos, tal vez un visionario. Empieza la canción, Corcovado y la voz de seda de Astrud Gilberto. Y ahora el saxo, de Getz. Y canta Jobim. Me quiere llorar el cuello. Los ojos se tornan lindos. Como el Corcovado. La vida es sempre así, no sé si hay tildes en portugués… Parece que me quiera llorar el alma, que el saxo lo corrobore, qué palabra tan basta, pero tan irregular y contradictorio como mi propia alma, al fin y al cabo. A veces tengo que cerrar los ojos para sentir mejor lo que la música quiere transmitirme, a veces es sólo una nota, aunque luego puedo sentir un cosquilleo que no respira cuando una repetición se prolonga, se ensancha y se alarga por el espacio-tiempo, creando un bucle, y entonces, como cuando escuché aquel tango en los jardines del colegio mayor, sin mayúsculas, bastante que diga mayor, el poder atrae al poder, eso sí que es un bucle, y no el mío (la canción ya ha acabado).

Ahora Vivo sonhando. Recuerdo que una vez hablé de un techo de folios blancos, o no sé si hablé de folios y simplemente decía que el cielo blanco se abría mientras viajaba a mi ritmo y otros pasaban más rápido en alfombras voladoras. Una alfombra voladora, matrimonio de la ciencia con la magia, qué bonito, ché, qué bueno que viniste. Carlos Gardel sigue en el recuerdo, de eso no hay duda. El saxofón, ahora con fón, ahora acompañado por el piano. Los dos bailan. ¿Dónde? ¿Dónde bailan los sonidos? En mi cabeza, de eso no hay duda. Pero la duda no es prosaica, el que duda quiere saber más, quiere estar equivocado, y yo quiero que en mi cabeza no haya más que vacío, ni siquiera cerebro, ni siquiera una mente que falsifique todo lo que siento ahora. El platillo sordo se dispersa y se disgrega, y otra vez han desaparecido.

Ahora me río, no sé por qué, pero de nuevo Corcovado, más cortita, apenas dos minutos y medio. Otra vez el saxo. Pensar en sexo cuando hablamos de saxo. La música y el amor, los dos en un tierno mordisco sobre la cama granate. O gigante. De damasco. Con los labios en torno a una fresa. Las notas declinan en un misterioso orgasmo armónico, orgasmónico, ¿no queda mal?

Eugène Delacroix (La libertad guiando al pueblo - 1830)Nuevamente comienza la música. Parece rezumar melancolía, sudarla me parece demasiado… dijimos prosaico, sí, y dijimos también que la duda no es prosaica. La duda es mágica, es infantil y es joven; la diferencia es que el niño quiere a toda costa algo a lo que agarrarse, y el joven quiere agarrarse a algo de manera definitiva, no se queda con lo primero que ve. Algunos sólo, tengo que reconocerlo. Otros se quedan en la cuna, y dejan que les inclinen el lecho, que les den leche, que los líderes les amamanten, haz esto, ahora lo otro, pero no se lo dicen directamente, sino a través de mediadores, como sólo la pareja puede producir el Tres, el hijo, la aleación, la molécula. Prefiero un mundo de átomos, prefiero que crear moléculas sea mi responsabilidad. No me las deis hechas, hagamos ese trato.

Muchas veces siento un vacío existencial. No el típico Qué hago aquí sino el magnífico Qué haré. Qué haré. Parece que después del punto y seguido iba a haber una respuesta, o al menos un indicio de ella, una pista. No, no. Tal vez la respuesta sea el amor. All you need is love (?). Pregunto.

El amor. Me siento más fuerte cuando me atontas. Pero, dios, no soporto los diminutivos, tan azucarados, o salados, lo mismo da. Oír pichoncito, cariñito o ranita, o mierdecita, qué más dará. Oír cualquier cosa de ese estilo es angustia, es una bofetada, como meterse una piedra de halita en la boca, un pedrusco, y luego de un trago. Zum. Abajo. Que se quede ahí, en el esófago. O como decir tus dientes son perlas. Bueno, vaya, parece que a quien quieres es a otra persona. Si no sabes ser original ámame con besos y caricias, lenguaje no verbal, que también existe. No puedo ver a una persona de la misma forma que otra. No es que no tenga sus ojos. Es que son tantas cosas… ¿A que sí, Ortega? Son tantas las circunstancias… Ahora bien, todo es verdad, ¿eh? Todo, todo es verdad. Casi se me mete un eslogan publicitario en el blog, no por dios, que esto es un lugar sagrado, ¿recuerdas? El templo, la caverna donde están turbadoramente silentes las estatuas de Zorrilla (y don Juan sigue buscando una que esté viva, no sólo recuerdos). Me refiero a mí, por supuesto. Esta sarcasmitis que me sale… Será el vacío existencial. Emptiness. Espera, esta palabra es un bombazo, un bombazo callado. Boredom.

Y, ¡cuidado! No caigas en el maniqueísmo. No, mira, es que ahora estoy bien, pero mañana estaré mal. ¿He dicho mañana? Pues dentro de una hora no te diría yo… O quizás siga bien.
Pero me pasa una cosa curiosa. Pienso (otra vez el puto cerebro) “estoy bien”, y paso a estar mal. Pienso “estoy mal”, y cambia la situación. Bueno, todo consiste en pensar siempre “estoy mal”, diría Perogrullo. Y ahí tenemos al descontento vital, al “qué mierda de mundo”, al “soy una perla, un diamante, una joya, vengo de un meteorito que viene de otro planeta, muy lejos de aquí, de toda esta mierda, ¿qué tal, Flaubert?, aquí estamos, mira la de olas de mierda que chocan contra tu torre de marfil… ¿he dicho tuya? No, no, nuestra he querido decir”. Pues vaya compañero, déjate de mirar el ombligo y tírate por la ventana, nada en mierda, mójate de mierda, sal de tu cadena perpetua particular, Tim Robbins lo hizo y ahora le va bien, por lo que tengo entendido. Se quedó cansThe catcher in the Rye (J.D.Salinger)ado, pero oye, ya no está dentro. ¿Será una metáfora al fin y al cabo? Ya puedes salir de tu mundo de pelagatos, relamidos, mimados, pijos, consumistas, y meterte en los garitos, en los baretos. “¡No, por dios, que me contagian!”. Pues quédate lamiéndote las heridas. Tienes que saber evolucionar. De la seguridad siempre se es esclavo. Es la que nos lleva. La duda, sin embargo… La duda es la luz, es estar a oscuras para darte cuenta de que estás rodeado de bombillas, de ventanas. Sube las persianas, abre las hojas, de cristal o de papel, las dos esconden luz, esconden saber, esconden libertad. Esconden.

¿Estábamos hablando de música? Ahora la ha violado un anuncio, una mujer hablando en inglés. Pero vuelve Jobim diciendo chinchinchinchin, y otra vez me recuerda a un anuncio. Me tengo que quitar de la tele. Más lectura, más música. No, mira, tengo la solución. Sal más. Encuentra el árbol de la vida, el árbol de la ciencia. Te será más fácil si encuentras el árbol del dinero y no te asaltan tantos deseos de seguridad. ¿Quieres un seguro? ¿Un aumento de sueldo? ¿Una casa? ¡Quisiera ser millonario! Un guisante bajo decenas de colchones, mullida protección. No para gastarlo. Para que esté ahí. Dios mío, en esta desesperación empapelada y barnizada se me cuelan los anuncios, la televisión, dios, el dinero. ¿Dónde está el arte si ni siquiera puedo aislar este vergel? Que más que vergel es jardín, y luego patio, y luego maceta. Negra y de plástico. Faltaría más.

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4 comentarios en “Lo que salga

  1. Se que este comentario es inservible aparentemente porque vas a seguir escribiendo lo haga o no. Pero debes saber que algo que he leido (no te puedo decir el que) en tu blog me ha servido en mi vida.

    GRACIAS

    PD: Tras este mensaje profundo y agradecido, vuelvo a mi posicion de graciosillo de barrio.

    1. En algo llevas razón: voy a seguir escribiendo. Pero, oye, que me digas esto le alegra a uno. Por mí y por ti, cómo no. Un saludo, y de nada.

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