Oda amarga a los veinte años

Apolo y Dafne (Bernini)¿Cuántas palabras te pueden haber dicho ya? ¿Cuántos comentarios? Yo mismo, que tan cerca estuve, sigo siendo un niño pequeño. Es un desequilibrio que no he logrado superar. Ya tengo la clave, ya sé dónde pudo estar la raíz de ese problema (uno de tantos que toca siempre resolver), pero el tiempo es una mole cuesta abajo. A veces los años me vienen grandes.

-Intenta pararla, pequeño.
Y esa es la verdad. Cualquier intento que haga de noche, cualquier efecto que busque en las copas de alcohol y terrazas de bares, es inútil. Los gafes siempre hacen planes a largo plazo. Tantas cosas cambian, y tanto tiempo pasa desde que comenzamos a pensar hasta que deseamos no haber empezado a hacerlo… Pero el mundo siempre gira a la misma velocidad. Y cuando doy un paso, tú das otro. No soy lo suficientemente valiente, no tengo la cara dura, me falta poca vergüenza, y tantas otras frases de ganador en paro.

-Estoy estudiando la situación.
Y esa es la verdad. Y mientras miras, ha pasado ya la oportunidad, que tan cerca estuvo, que pudiste incluso oler. Cautivar con la boca es el recurso de aquellos que no saben usar los ojos y las manos. Hablar y hablar, hablar hasta que el muro cede y entras en sus dominios. Entonces la estrategia debe ser distinta, pero sigues hablando.

-Pudiste acariciarla.
Y esa es la verdad. Pero, ¿para qué? Claro que merece la pena intentarlo, pero no tengo tantas cartas con las que jugar. Demasiada diferencia entre ella y yo. Demasiada diferencia entre tanta gente y los años que tengo de retraso. Me encuentro bien con gente mayor, esa es la verdad. Tan viejo para unas cosas y tan inocente para otras. Será para compensar, digo yo.

-Hay tantas otras…
Y esa es la verdad. Tantas otras de poca conversación y mucho juego de manos, de miradas vacías y muslos anhelantes. Vas abriendo camas y cerrando puertas y terminas acariciando botellas de vidrio con yemas pegajosas. No, otros son mejores. ¿O acaso actúan? ¿No eres tú un mero espectador? ¿No espera ella que des el paso? Para qué, si ella camina al mismo ritmo, solo que más allá, justo donde el brazo extendido mastica vacío.

Ella me miró, me habló y se fue. Ahora quedan muchas palabras por decir, mucho alcohol y pocas despedidas. Sólo la puerta que se cierra, que esconde otra mujer que lleva caminando muchos años antes que yo.

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