Amor nocturno

Tú,
clara y pura,
eterna en mi segundo,
urgente, necesaria,
rizas con tus cabellos la espuma,
quemas con tus pies el lodo,
quiebras los espejos,
concentrando todas las imágenes
en tu rostro aureolado.
Tu cuello,
fina corriente de plata donde
sumerjo mis yemas conmovidas.
Tus cabellos,
suave lecho de largos olvidos,
juegan con la blanca almohada.
Tus ojos,
que me inquirían, ahora parecen
mirar tus sueños,
dormida como estás,
cediéndome como dioses bondadosos
un instante de tu imagen.
¡Qué paz!¡Qué belleza!,
gritan mis latidos,
laten mis gritos silenciosos.
Y, aún consciente,
respiro de tu dilatado perfume,
beso el pálido nudo de tu ombligo,
y me recuesto en tu pecho,
de nuevo sin nacer,
nuevo,
ya sin lodo ni espejos,
sin nada entre
tú y yo.
Suspiro. Callan mis párpados…
Esta noche soy
tuyo.

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