Sobre Jardines lejanos

Juan Ramón Jiménez

Del hilo plateado de mi sueño
alcanzo a ver el fin, y no el inicio.
Respiré hondo el perfume del silencio,
y vagamente me quedé dormido.

Cerré mi corazón. Bailé. Mi cuerpo,
de noche, sobre el mar… el viento crea
de luces, un juego frágil y argénteo,
de noche, sobre el mar… alfombra persa.

La luna me miraba y yo, perdido,
la llamaba con voz de alma en pena:
“¿Qué me esconde tu luz, luna lejana?
¿Qué me esconde tu luz, luna lunera?”

La luna fue mutando con ternura
en ojo que, en el cielo de mi mente,
de infinitos colores y horizontes,
me golpeó con fuerza en la frente…

Abrí los ojos, vi la luna llena.
Sin cielo, en el reino del olvido.
Sólo escuchaba el “yo” latiendo en mí,
y en un latido dejé de estar vivo.

———————————————-

Esta noche que en mi alma despierta
un suspiro susurrante en el silencio
me envuelve con su aliento pasajero
destilado en el confín del Universo…

En las sombras mi alma desconsolada
busca un bosque de olmos blancos y cipreses
donde atrapen, incesantes, perlas frías,
fuegos fatuos, flores que se desvanecen,

los latidos de mi rosa de los vientos
más allá del mal y el bien, buscando sueños
que jueguen con lo falso y lo verdadero
descubriendo dulces sendas de lo eterno.

Esta noche que en mi alma despierta
los deseos de un otoño pasajero…
Esta noche, en que añoro el paraíso,
me ha encontrado, esperándola, despierto…

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