Espuma en la orilla

Les eaux de Mars (Georges Moustaki)

Te despiertan las olas. Cielo. Es el día total. Luz plena sobre tu cuerpo en verano. Sonríes con dientes sin medusas, contraste con las dos conchas opacas de tus gafas. Peces rojos saltan y vuelven a caer en el mar de tu ombligo, donde miro perdido en un remolino de carne. Mira a la izquierda, a la derecha. Arena. Descansa. Les eaux de mars.

Y ahora, la parte instrumental. Que hablen ahora el viento y el agua, el fuego del sol y la tierra mojada que se esconde debajo de este manto granulado que hierve, cénit arenoso, sin toses ni ruidos, sólo las ondas sonoras de las ondas del mar. Llegan a la playa, arrastraaaaaaandooooooooooo la arenaaaa-a-aa, perdiéndose en esa mezcla de aguamarina y terroncitos marrones.

El cuadro sigue igual de bello. Variedad. Un velero. Se hincha de orgullo al verte. Le saludas. Me saludas con tu mirar. Has convertido el mar en la mar. Revives a Alberti. Sigue leyendo, sigue tumbada, sigue bebiendo sol, que yo seguiré bebiendo de ti, amor pictórico.

Una góndola por la orilla. Se ha colado, pero no hace mal. Es añoranzaLa ola (Hokusai) con melodía de barcarola, barcarolla, la lengua italiana arrastrando la arena de mi lengua hasta el acantilado de mis incisivos, cortando suavemente la salida, la ola de Hokusai eternamente cayendo. La extraigo de ese crepúsculo, de ese cielo velado, y se queda en tu boca. Bebe y habla. Es playa. Es arena. Es descanso. Es brisa en los granitos de tu piel. Acaricias la alfombra de rocas disueltas, dejas caer los granos entre tus dedos, que ríen de cosquillas. ¿Cómo ríe un pie? ¡Cómo ríe un pie! Como ríe tu pie con los granos de arena, así ríe mi alma, uniendo tus partes en mi propio todo. El hombre que escribió una oda al Panteísmo sigue allí a la derecha, elevado un poco sobre la arena, los ojos cerrados, una leve sonrisa en la boca. Arena. No seca, no húmeda. Arena y agua. Cambio natural. Sol que se escurre por los agujeros de una esponja, allá, bajo el otro manto, el de cristal, el del caldero abisal, lejos de esta corta distancia entre tu mano y la mía.

(Y me recuerdo ahora mojado en mi niñez. Dulce suspiro)…

Que suene la música. Que suene, que mis oídos sientan la brisa, la brisa de tu alma respirando, mis ojos el color de tu sonrisa, mis manos la dulzura de tu mano. Que naden las notas por estos segundos volubles como espuma en la orilla.

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