¡Oh capitán, mi capitán!

Camina. Que tus latidos te guíen en este largo paseo.
Camina. Que tus latidos te guíen en este largo paseo.

En esta noche el cuerpo se me ha revelado, el alma ha avivado su llama y mis manos y mis muslos y mi pecho y mi cabeza han gritado a los cuatro cielos y han escupido bandadas de pájaros desde mi sonrisa instintiva, latente, innata. Un momento deleitable, una avalancha que ahoga los malos humores, lavando las pústulas de mis lóbulos, abriendo las compuertas de mi risa sobre mi cuello, que se retuerce en un escalofrío cálido, un escalidofrío, cursiva salvadora. Cursiva que derriba los muros constrictores del deber ser y el deber estar, de lo cerrado y lo quieto, como vanos peces muertos mecidos en la dorada superficie del río en el crepúsculo.

Trago el polvo, y toso, y me caigo al suelo y empiezo a dar vueltas, andando sobre mi propio eje, sobre mi propio tronco, y hago una pirueta y ochenta volteretas y mareo mis sentidos hasta encontrar el grano esencial de mi propio ser, y me sacia. El bocado de aire, vacío como hojaldre, me repulsa ahora que sé que mi potencia no tiene límite, no debe tenerlos, y ése es el único deber, ninguno más. Dejad que actúe como crea conveniente, dejad que mi motivación nazca de mi propio ser, no de ese alma que queréis encerrar en una jaula de buena voluntad. Dejad que mis alas se extiendan, se estiren recién levantadas de este largo sueño, que desentumezcan sus miembros, relajen su rostro. Que su rostro brille fúlgido en la desorientada noche, en los noventa puntos cardinales del espacio, los resquicios del tiempo y la volubilidad de mi materia. Pasto de gusanos seré; no cordero, ni oveja. Me desviaré del rebaño, y esa será la piedra que rompa el muro que me separa de mi meta, en una búsqueda ciega; ahí radica su valor, en el movimiento que sale de mi corazón, en el impulso que los latidos crean en mi cuerpo, moviendo mis vasos sanguíneos, tocando música para que mis células bailen y salten y acaben con mis costumbres de hombre encorvado, de sumisión a un ídolo enmascarado, sentado en un trono, con las extremidades rodeadas de enredaderas, cuyas raíces beben de mis segundos, sí, beben segundos, valioso tiempo, oro en un estado inabarcable, inaccesible a mi mente racional. Esa es la victoria del alma, del cuerpo, de mí mismo, de mi verdadero nombre escondido tras esta coraza que me aprieta la piel hasta volverla blanca como la nieve, negra como la garganta de un ahorcado, sus ojos sin brillo, alejándonos de su figura colgante de títere deshilachado.

Elíseos jardines esperan en mi futuro, impregnando con su aroma las más horribles escenas. Lo que nace de mí puede cambiar por completo mis circunstancias. Un leve beber, beber versos, beber poesía, poesía como el néctar de unos dioses magnánimos e imparables en su constante caminar. Ser libre, nada más, ser libre en mi vivir, en mi pensar. Ser libre, nada más, no quiero nada más que ser libre entre las flores de las palabras transformadas en libélulas.

Quiero libar, extraer el jugo, dos gotitas de millones de posibles expresiones. Dos gotas que caen y se vuelcan sobre sí mismas, convertidas en una y todas ellas, en cámara lenta, acompañadas por el sordo retumbar de un suave latido, un palpitar de olas cayendo en la arena, lanzando calma a través del océano… hasta mí. Hasta mí, sentado al borde de mi quietud, casi muerto de tranquilidad, la muerte más dulce, invadido por el frescor del agua derramada sobre los granos de arena de mi mente, que absorben y beben de esa callada locura, de ese susurro de la madre naturaleza, que acuna mi cuerpo sobre palmas y resbala sus dedos de brisa por mis yemas, haciéndome sentir vivo, calmo, sereno, después de haber bailado la danza de la muerte sobre los restos de mi vieja piel, renovado con la sola cobertura de mi caminar, solo yo mirando al cielo, riendo como yo, soplando notas cromáticas ante mi mirar de niño.

De espaldas a mí mismo, me levanto y camino. Camino hacia el horizonte. No necesito alcanzarlo. Ya puedo decir que soy feliz.

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4 comentarios en “¡Oh capitán, mi capitán!

  1. Gracias por estar siempre ahí, a través de la fibra óptica. Me esfuerzo por que sí, por que sea verdad. Espero que tú también lo seas.
    Un saludo.

  2. se hace lo que se puede… lo que es complicao cuando ves el mundo cambiar a tu alrededor mientras tu sigues en el mismo sitio^^

    siempre nos quedaran los chistes jeje

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