Papeles encontrados

Atardecer en África21/02/09

Palmera que me recuerda unas vacaciones en Valencia – donde nunca he estado -. Me recuerda una comida en un restaurante rodeado de césped, no sólo en Mairena, sino en Castilla y León, ¿en Marbella?; tardes de reposo, de pocas ganas de salir a la calle y menos ganas de regresar a casa después. El olor a césped, las mesas desiertas que antes me indicaban total disponibilidad y ahora total melancolía, la ausencia de lo que antes vimos o de lo que intuimos que había. Es una mesa de metal pintado de blanco.

Esto no antes estaba (en lugar de “Esto antes no estaba”). ¿Se anticipa el pensamiento a la materialización del mismo? ¿Se nos adelanta nuestro cerebro?

Tejados con pelo: ¡desagradable! (No sé por qué).

Si escribo algo realmente bello, me ofrezco el don del placer de leerlo y releerlo y releerlo. En caso de no serlo, me condeno a no poder disfrutar de algo que, aunque no sea realmente bello, guarda relación con el fogonazo en el que vi la total convergencia de mis sentimientos, y quise inmortalizar en esta fotografía de palabras. (Nota añadida: la magia de lo realmente bello reside en la prevalencia del contenido sobre la forma).

Una bola de cerámica desde 1929: “Como se caiga…”. Acaricia, cosquillea con los dedos de su lengua y su mirada el aura de la bola. ¿Pesimismo? ¿Morbo? ¿Humor negro?

Referente a aquello que no vivimos, que intuimos… podemos hablar, cantarle a lo que nunca sentimos.

El sol me alumbra a través de la luna lateral del coche. Y, si cierro los ojos, puede alumbrarme desde cualquier playa, desde cualquier mañana en un cielo con nubes grandes y blancas. Recuérdalo: no miras el cielo desde abajo: estás en él, y aunque en un principio sientas tus nalgas firme y tercamente aferradas al tacto del sillón, del suelo, de la silla, tu cuerpo vuela sin nalgas, sin cuerpo, cuerpo sin cuerpo, la infinita pureza fatua del alma, su esencia, su transcripción en el poderoso respirar, calmado el pulso y entrecerrados los párpados.

Las ciudades existen en el plano político, gubernamental, de papeles muertos, de libros de texto… Al fin y al cabo, todas se sostienen en el mismo terreno, en el mismo planeta. (Nota añadida: cada ciudad se distingue de otra por el azar, por la construcción de un edificio en uno u otro metro cuadrado, por la convergencia de mentes creativas en un tiempo y un espacio determinados). El Sol, ya anaranjado, brillante, de un brillo crepuscular, es el mismo que se despide de las jirafas y los elefantes en África con su hasta pronto universal.

El taxista, hombre de jersey rojo, camisa a cuadros de guisantes con jamón y barba blanca, lleva puesta la otra camisa, la camisa del tiempo. Sus manos, sumidas en el baile de la entelequia, se cubren con dos mangas de arrugas.

La inspiración tal vez no le sea útil al escritor, como decía Umberto Eco. La inspiración es el nombre que le damos a lo innombrable, a lo que habla con la pasión, con el placer de hablar, con la intensa concentración de sentidos que se diluyen en las dunas del tiempo.

Lo que no se puede imaginar nos hace explotar, nos hace sentirnos impotentes.

Lo que nos hace estar bien o mal no son los hechos, sino nuestra percepción, nuestra valoración de ellos. ¡Vivan los semáforos rojos cuando escribo sobre adoquines!


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s