Luz

Toshiro MifuneAnteayer será mi hoy, renacido de las cenizas calientes del ayer. Hoy, seré el que fui una vez, renacido de mi propio ser convertido en polvo. De los pulmones y el corazón sin suspiros ni sangre, surgirá una nueva fuente de energía, un poder milenario, oculto tras las sombras de la duda.

Hoy, entre lo malo del ayer y lo bueno del mañana.

Necesitaba cortar el cordón umbilical que me ataba a la anterior realidad que me daba de comer, a la que yo mismo robaba comida. Me alimentaba ya de una sustancia ligera y sin sabor, como una oblea, sosa, fatua, vaga… Subí del pozo en el que leía en soledad los versos libres de mi vida encerrada. Mi propia mano, que arañaba las piedras y el barro de esa tumba abierta, se movía, guiada por un instinto ajeno a mi propia consciencia, hacia mi bolsillo,de donde sacó unas tijeras, una llave… que siempre habían estado ahí.

Salí de la cárcel, del hoyo al que me había lanzado, y abrí la puerta, que chirriaba por el tiempo pasado, que lloraba lágrimas de hierro por haberse visto forzada a cerrarse.

Y dejé atrás el aire viciado. Soplé con todas mis fuerzas, intentando alejar de mí la tormenta de arena pasada. El vendaval salió volando, y una sombra quedó, recogida entre los granos de arena de mi antiguo desierto, recordándome, dueña de la memoria y el olvido, que ningún paso será el último, que muchos otros dioses ocuparán el mismo altar, que el viento volverá, pero ahora estoy amargamente preparado, digno y valiente, héroe de mi propia vida… por fin al aire libre.

Era lo que necesitaba, un empujón, una verdadera brisa, no la que se filtraba por las húmedas rocas de mi cautiverio. La brisa real, una conversación repensada, una compañía anhelada… Fue un intermedio que me devolvió distinto al mismo sitio. Noté la diferencia. Respiraba otro aire. Otro viento me acariciaba la cara. Mi boca, que antes se torcía, ahora se arqueaba dulcemente en una cálida sonrisa. Como el elemental placer de un haiku, salté, rana del viejo estanque, a nuevas aguas de textura sedácea.

El sol, el amanecer, han llegado a mi alma. Es un nuevo camino el que emprendo. Veo obstáculos al fondo, pero ahora guardo valiosos instrumentos. Marcho con un liviano equipaje. Marcho feliz. Y lo más importante:

Viajo tan solo… que ni la soledad viaja conmigo.

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