La puerta abierta

Hubo un tiempo en el que no podía abrir la puerta del cambio, acercarme a un resquicio de luz, estando ya en la luz. Uno va apagando bombillas, va cerrando puertas, y recorre pasillos, caminos, túneles, corrientes, cielos, tierras, momentos crueles, momentos inolvidables, sueños, realidades potenciales, recuerdos revividos, fantasías creadas para que uno mismo las disfrute en la levedad y fragilidad del momento, del momento fuerte, intenso, lumínico…

Y te ciegas, despiertas, y regresas, flotando, levitando en un movimiento pendular, hasta el colchón donde descansas. Por muchas vueltas que des, todo queda y nada sale. Convertir lo malo en bueno, convertir lo bueno en base, convertir la base en principio, convertir el principio en potencia, convertir la potencia en cambio, convertir el cambio en tiempo, convertir el tiempo en un lento crepitar de hoguera, convertir mi infierno interior, crepitando en rojo oscuro… Convertir esa perturbación, convertir ese vástago del mal vivir y el mal pensar, de dos madres demasiado protectoras que por cuidar, miman. De dos nubes que, por unirse, truenan. De dos estrellas que por brillar, destruyen. De dos mundos, vidas, grupos, personas, morales, que por sentir…

entierran el

sentimiento

bajo el frío

manto y el

témpano de

hielo de la pena

y el remordimiento

y el arrepentimiento

y los malos pensamientos

que crecen incesantemente

hasta dominar nuestros dos mundos,

hasta llevarnos por una montaña rusa sin raíles

por soledades, pesadillas, mares de vinagre y nubes de petróleo,

por tempestades, tornados y ojos de huracanes observados desde el temible borde,

desde el angustioso filo de la navaja por la que he caminado haciendo ejercicios de saltimbanqui,

en una rampa descendente que me daba impulso para acceder de nuevo a la otra realidad, a la realidad opuesta…

Cualquier pasado, circunstancia, suceso, contexto, situación, vivencia, amor, odio, grandeza, depresión… batalla… deja, debe dejar un poso convertido en negativo del café, no amargo sino dulce, suave, duro pero seguro. Siempre se debe regresar sujetando el escudo en la mano enquistada, para librarla y observar la futura tumba convertida en lecho, en lejano lecho, en lejano horizonte, en lejana estrella que titila, que a veces es filtrada por los rayos del sol, que a veces queda oculta tras las nubes de la paz, de la serenidad, y que siempre nos observa desde el envés del saco que oculta el pequeño lago de plata y mármol líquido donde caen mis tormentos para resurgir convertidos en bellas esculturas de cementerio de Zorrilla, en cuerpos sólidos, tal vez ásperos por dentro pero con una cubierta eterna lisa y suave. Quiero convertirme en escultor, quiero tomar el martillo y el cincel y modelar con golpes secos mi vida y mi mente; modelar mis recuerdos y mi miseria moral; colocar en una galería con vistas al Parnaso los cuadros de mi alma, para saber reconocerlos y saludarlos por igual, como Kipling a sus dos compañeros de viaje.

Un patio en el Albaicín de Albéniz, un caballo bailando en cámara lenta, extraer la palabra de la punta de iceberg de la lengua como Arturo extrajo la espada, como Leonardo engendró al genio de la lámpara, como el cirujano extrajo el tumor del templo cerebral, extender el alma en un Nessun Dorma de arpas celestiales; convertirme a mi propia religión. Hallar lo poético en lo prosaico, sacarle el sabor a la madera, escuchar con el tacto, paladear con los oídos, sentir con la boca, con la hiel y el hielo desprendidos en una vela al viento en la mar de mi garganta. Gritar, exaltar todos mis poros en una explosión de fluidos que sanen, que den vida, amor, el lento y cálido resonar del beso en el corazón, en los pulmones, en los párpados. Proteger y sentirse unido en un abrazo de agradables fragancias junto al telón de un futuro prometedor, con el fuego del Prometeo liberado.

¡Dejad que quite las cuerdas a mi potente bloqueo! ¡Dejadme solo! Volveré a vosotros en otro tiempo y otra dimensión al igual que vosotros volveréis a mí siempre que el amor me mueva a ello…

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2 comentarios en “La puerta abierta

  1. Me he pasado, aprovechando que es viernes, por tu blog , Rafa. Ya te dije el otro día que me había leído uno de los primeros que escribiste.

    Ahora, leyendo algunos otros, me he dado cuenta – no sé los demás- que vas mejorando día tras día, cada uno de ellos va ganando en profundidad, sensibilidad y, por qué no decirlo, en escritura, cada día te superas, escribes un relato mejor que el anterior.

    Te felicito, porque son realmente fantásticos.

    Sigue así, grandísimo amigo Rafa.

    Sabes que te tengo un cariño enorme. Siempre estaré ahí para apoyarte.

    Un fuerte abrazo. Te quiero.

    1. Muchas gracias por leer mi blog, porque a pesar de que mi principal intención es vaciarme, desahogarme, y poder contemplar mi interior convertido en letras, no me desagrada que también lo lean otros que, tal vez, puedan llegar a sentirse identificados con algo de lo que escriba.
      El aprecio es mutuo y, aunque no estoy de acuerdo en que mis relatos sean cada vez mejores – porque pienso que cada uno de ellos tiene baches -, los planteo como un vaciado, como un reflejo de un instante, y es por eso que, quizás, al leerlos días después, encuentre en ellos una imagen de mí mismo que no identifique, que no observe ni en las letras ni en el espejo. En otras palabras, son adecuados para un momento, y no para el siguiente, pero no me preocupa porque para eso lo hago: para distinguir entre estados de ánimo y sensaciones contrapuestas.
      Un abrazo.

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