2009

C.D. FriedrichHoy es el fin de algo que no puedo definir como año, sino algo más. ¿Un ciclo? ¿Una parte de mi vida? Siento algo y no sé explicarlo con palabras. Pero poco importa. Yo, que más tarde volveré a leer esto en la barca del futuro, sabré entenderlo y entenderme, lograré adivinar los motivos que me llevaron a escribirlo. El año, que esperaba que pasaría rápido, lo hizo, pero fue denso, a veces como la más densa luz alumbrando el camino, como una constelación rica en estrellas rimbombantes y titilantes… Otras veces como la más densa oscuridad, como el cieno, el petróleo, el fango, la flema, lo que ahoga un grito y lo que ahoga el aire.

Se me va un año importante, como la cara de Bush en el TIME, mala pero importante al fin y al cabo. La cara del mismísimo diablo. Alcanzar a sentir la respiración del Dios, como Casillas en la Eurocopa, o la del Demonio, como un palestino sin tierra y sin culpa. Alcanzar los dos extremos, mutado en Amundsen de los viajes intermentales, en la fría placa de hielo de la soledad… mutado en señor Livingstone, supongo, rodeado de mosquitos, de un calor pegajoso y sofocante, de una tela que se adhería a mi cuerpo como una sanguijuela tejida con penas y culpas. Excelso y terrible. Terrible y excelso. Sin dar descanso a uno de los dos platillos de la balanza. Así se me va un año importante.

Y es que si algo es bueno es porque lo comparamos con algo malo. Y si algo es malo… ya se sabe, viceversa. Supongo que todo lo bueno que me ocurra en 2009, o mejor dicho, que yo sepa ver como algo bueno en 2009, pues ya se sabe aquello de que cada uno se guía por su moral y mente, decía, que lo que me ocurra en 2009 me parecerá como el mendrugo de pan a Carpanta, como la goma del zapato a Charlot, como las sobras a Lázaro, observando más tarde la lengua de fuego que abrasa a su Epulón o Dives particular, qué importa el nombre cuando la esencia es lo que nos mata. Allá, a las tierras de fuego y abrasión, llegué en mi carro de la victoria, esperando ser rescatado, dando un farol, colocando un señuelo. Pero prediqué en el desierto, y ahora espero un maná que me alimente por donde sea: corazón, pulmones, estómago, cabeza… Por donde sea, porque no me siento nada.

Dejo este año que se acaba con una amarga pena que me reconcome el artesonado de mi cuerpo como termitas glotonas. Si hace días me reencarnaba en Sísifo, ahora soy Prometeo. Hígado regenerado y maldito. Águila con alas de espinas y pico ardiente que me devora día a día la pena consumida y reconstituida. Ahora soy Juno, con dos caras, con dos sentimientos contrapuestos, ambivalentes, polarizados, cambiantes, extremos, pendulantes, como el barco en la tormenta, como el hipnotizador afanoso… Soy Tántalo. Soy heliotropo. Ya no soy nada.

Pero debo ser Fénix. De las cenizas de mi cuerpo y de mi alma saldrá una nueva figura. Del barro de mis restos saldrá un nuevo Adán. Hecho para sí mismo. No para los demás. Que el tú esté sobre el ello, y no al revés. Que el pasado dé paso al futuro sin ser menospreciado a su vez. Que los dos colaboren para llevarme alzado, para llevarme en rickshaw chino, para montarme a lomos de Fuyu y surcar los mares celestes y etéreos de la vida que me queda por vivir, del hacedor de llaves, del que escribe su propio destino y no espera con el albarán de la entrega a que le manden un sobre perdido en las arenas del desierto del tiempo. Miras a un lado, marrón y azul. Miras a otro lado, marrón y azul. Miras a otro lado, marrón y azul. Miras a otro lado, marrón y azul. Debes encontrar el espejo. No el espejo de la historia que leí en un libro, de la historia en que un hombre horrendo encontraba un espejo en el desierto y que, tras mirarlo, lo desechaba, lo tiraba, lo rechazaba… por horrendo. Debo distinguir entre espejo y yo. Entre el que se mira en el espejo y el Apolo que refleja. Que mi mente cree una imagen conjunta, extraída de una imagen conjunta creada por los dos ojos que observan con lente borrosa por mirar al Sol y usar gafas degradables. Mi mirada borrosa, mi mente cansada, mis brazos que cuelgan, mis manos que se encogen, mis orejas que ya no quieren escuchar, mi mente de búho voyeur oteando a través de la oscuridad de la noche.

Dejo el año 2008, el viejo de barbas que se regenera en niño pequeño. Me sumo a su viaje, a su regeneración. Se acabó mi doble vida, mi alma partida, con sucursales en pueblos de Sevilla, en casas de Sevilla, en recuerdos en Sevilla, en gente importante de mi vida en Sevilla. Se acabó. No puedo sufrir más porque sé que el final ya estaba escrito. Cerré una puerta que no debí haber cerrado… y que fue absurdo abrir. Fuera yo. Que entre otro. Que entren otros. Siempre dejaré las puertas abiertas. Siempre. Mi corazón ya nunca será el mismo. Nunca. Nunca…Siempre. Unidos por el hilo de mi vida insatisfecha e incompleta. Por mi parte, dejadme que comience a andar. Dejadme que abra con esperanzas la puerta del 2009. Dejaré encajada la que dejo, por si me olvido de algo. (Feliz) año nuevo a todos. A todos.

A mí.

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